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Sencillo pero fuerte

Hno. Bill Firmann (Trad. Paula Merelo Romojaro) -

No había sacerdote disponible para presidir la eucaristía el domingo pasado, así que la liturgia fue dirigida por los catequistas de la parroquia. Gabriel, el más veterano, pronunció la homilía. Es un hombre de fe firme y de una sencilla devoción a la Iglesia a la que ha servido durante muchos años, incluidos los de guerra. La parroquia cuenta ahora con un sacerdote y un diácono (que se ordenará en diciembre) pero no estaban en Riimenze ese día por encontrarse en otras iglesias de esta enorme diócesis. Esta es la razón por la que Gabriel, una vez más, guío a su gente en la oración con una iglesia llena a rebosar como siempre. A Gabriel se le estima como hombre sencillo, decente y honrado que se merece el respeto que ha mostrado como catequista de la comunidad. Los sacerdotes van y vienen, pero él permanece siempre fiel.

Aquí es evidente que la Iglesia es el Pueblo de Dios. El edifico de la iglesia puede ser decrépito, que le falten ventanas y miles de detalles por terminar, que los bancos sean incómodos y no tengan respaldo… pero la gente se une en una fe incuestionable. Me asombra la enorme diferencia que hay con tantos lugares del primer mundo donde la gente ha encontrado todo tipo de razones para abandonar su lugar dentro del Pueblo de Dios. Los matrimonios duraderos se sostienen sobre la fidelidad y no sobre las faltas mutuas. Es cierto que también la gente de Dios comete muchos errores pero ¿por qué tanta gente ya no es capaz simplemente de perdonar, olvidar y continuar manteniéndose firmes en la fe? En esta sociedad, uno puede redescubrir los placeres sencillos de la vida porque ya muy pocas cosas pueden darse por sentadas.

Yo, por ejemplo, me descubro a mí mismo disfrutando de las cosas más sencillas, como el sonido de un trueno o la luz de un relámpago, o escuchando la lluvia sobre el tejado, o sabiendo que ha comenzado la época de los mangos, las papayas y los tomates. En eso consiste la eficiencia de la producción y distribución en el primer mundo: muy pocos de los productos disponibles en el supermercado son realmente de temporada. Si estamos dispuestos a pagar, es posible comprar prácticamente cualquier cosa, en cualquier momento. Sin embargo, cuando uno solo consigue fruta y verduras cuando han madurado en las tierras locales, la vida trae su propio ritmo de placeres sencillos.
Cuando consigo comprar zanahorias en el mercado, regreso a casa con el sentimiento de haber conseguido un gran logro. No tenemos electricidad local, así que me alegro cada vez que el generador funciona sin problemas. Nos sentimos agradecidos cada vez que podemos comprar diesel o gasolina, como podemos hacer ahora pero no hace dos semanas. Me encanta recibir una bombona de butano llena desde Juba, lo que significa que no tenemos que cocinar sobre carbón. Es todo un triunfo cuando podemos comprar patatas y huevos. Una coliflor es un regalo del cielo e incluso un repollo es algo especial. ¿Pero sufrimos? No, yo creo que más bien disfrutamos con los ciclos de disponibilidad y la variedad de vida según las estaciones. No necesito inventar una vida llena de satisfacciones artificiales. La propia vida crea por sí misma un ritmo y trae satisfacciones por caminos muy sencillos, a través de cosas sencillas.

Una posibilidad si siempre tenemos todo lo que necesitamos es que se nos olvide celebrar los regalos sencillos y busquemos otras cosas para celebrarlas. Y otro posible efecto es que se pierda de vista el valor de la fe sencilla y desarrollemos una visión demasiado crítica o cínica. ¿Por qué me creo Dios? Es tan fácil sustituir otras cosas, antes que el “conocer, amar y server a Dios”, cuando todo está disponible siempre. A veces tenemos que perder algo para apreciar realmente lo que damos por sentado.
Aquí la gente aprecia cualquier tipo de comida o agua limpia cuando está disponible. La vida gira en torno a los niños, y más niños, y niños cuidando a otros niños. Eso parece. Pero existe una satisfacción especial en todo eso. Los únicos juguetes que se ven por aquí son ruedas de bicicleta movidas con un palo. La ropa sin marca no son más que harapos muchas veces. Sí, es cierto que hay demasiada enfermedad en el ambiente debido a la falta de una buena higiene pero en la fidelidad de la gente generalmente se percibe una fuerza y una felicidad sencilla. Ninguna sociedad es perfecta. Esta necesita, sin lugar a dudas, más y mejores servicios, pero tener poco no tiene porqué ser peor que tener mucho y querer todavía más.
 


Foto: AP Photo / Denis Farrell

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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

muriel cecilia muriel cecilia
el 12/11/11
El regalo maravilloso de la vida , de lo sencillo de todos los
dias, de lo que aparentemente no vale o es lo que nunca se
se disfruta por corriente, solo es posible valorarlo con
la sabiduria de los sencillos, la sabiduria de Dios.
Que hermosa reflexion la que nos presentan !
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katyuska katyuska
el 13/11/11
QUE hermosa reflesion y que dura ala vez, no sebemos lo afortunados que somos teeniendo tantas cosas y no sabiendo valorarlas . algunos son felices con tan poca , que tu teniendo tanto te sientes impotente ante tanta necesidad , ami personal mente me hace feliz ,y siento la grandeza del creador ,ante la sonrrisa de nu niño, ante el ruido suabe de la l mar en calma, o al contrario ,me siento feliz ante la bravura de ese mismo mar, que me esta diciendo las mismas cosas pero de distintas maneras somos doble mente afortunados porque poemos asistir a la EUCRISTIA ,todos los domingos compartir y vivir nuestra fe,con otros hermanos . pido al SEÑOR por las vocaciones ,al sacerdocio y a la vida consagrada y tambien pido al padre que los laicos,nos comprometamos mas en las tareas de nuestra ,p ... » ver comentario
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