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Seguridad cultural

Hno. Bill Firman (Trad. Paula Merelo Romojaro) -

 

Después de diecinueve meses en Sur-Sudán, he regresado a Australia de vacaciones. Realmente es muy bueno ponerse al día con la familia, los amigos y los hermanos. Es muy agradable estar en un lugar donde entiendes el idioma, donde te pareces a todos los demás, más o menos, y donde la familiaridad con el ambiente te hace sentir como en casa. 

Me sentí raro al meterme en la ducha, abrir el grifo de agua caliente y poder regular la temperatura –en lugar de simplemente tener que aceptar la que saliera. Ayer puse la lavadora y la secadora por primera vez desde que estoy en Sudán. Casi había olvidado lo fácil que resulta hacer un montón de colada en tan poco tiempo: todo un cambio frente al tener que lavar a mano, habitualmente con agua no del todo limpia, algo a lo que estoy habituándome en Sur-Sudán. El agua limpia es un maravilloso regalo. ¡Requiere todo un esfuerzo consciente por mi parte aceptar que de nuevo puedo beber agua del grifo! 

La disponibilidad de comida aquí me resulta extraordinaria después de conocer Sudán y la posibilidad de prepararla de forma rápida en el microondas o en el tostador también hace la vida mucho más fácil. Sin embargo, estoy también impresionado por lo caras que son la comida y la ropa – y la increíble subida de precios con respecto a lo que recuerdo a mediados de 2009. La oferta de mercancías es aquí mucho mayor que en Sur-Sudán pero los precios son también enormemente mayores. Cuesta aproximadamente 5000$ al año mantenernos a uno de nosotros en Sur-Sudán, pero con esa cantidad aquí no llegaríamos muy lejos. 

No termino de entender la economía de los mercados pero parece obvio que los precios de venta al público en el primer mundo están muy inflados respecto a los costes de producción. Nuestras necesidades aparentes pueden también inflarse. Una de las cosas que Sudán me ha recordado es que hay muchas cosas que no necesito. En Sur-Sudán me encuentro con mucha gente muy feliz que nunca llegará a tener las cosas que yo puedo tener aquí. La felicidad no viene de lo que poseemos sino de aceptar lo que somos y de estar con aquellos con los que compartimos amor mutuo y respeto. 

Los extremadamente pobres niños congoleños que he visto jugar en el campo de refugiados de Makpundu, cerca de Yambio en Sur-Sudán parecen tan felices como cualquier otro niño. No tienen mucho materialmente hablando pero se sienten seguros en su cultura, con su familia y sus amigos. De hecho, sospecho que una de las debilidades de la condición humana es buscar lo que no es bueno para nosotros mismos o lo que realmente no necesitamos.  Si vivimos en un lugar pacífico, en el que somos respetados y queridos, ¿qué más necesitamos? Si nos sentimos seguros, importantes para alguien y no padecemos hambre ni sed, ¿qué más queremos? 

La principal dificultad para la mayoría de la gente en Sur-Sudán es que viven bajo la amenaza de la violencia y que en ocasiones no tienen acceso a suficiente comida o agua potable. Tienen unos lazos tribales y familiares extraordinarios que les aportan una gran seguridad cultural- a no ser que otro grupo étnico trate de invadirlos o molestarlos. Uno de los mayores retos para la recién constituida nación de Sur-Sudán es que la gente comience a identificarse como sur-sudaneses, su nación, y no como parte de la tribu de la que proceden. No hay nada malo con sentirse profundamente Dinka, Nuer, Shilluk, Azande o cualquiera de las otras tribus, pero existen rivalidades alimentadas desde antiguo que han de ser superadas y han de trabajar por conseguir una aceptación 

Los africanos del sur encontraron una causa común que les unió, al menos superficialmente, en su oposición contra los árabes del norte. De ahí el gran voto a favor de la secesión. Pero la seguridad cultural que encuentran dentro de su tribu ha de ser superada para acercarse a otros pueblos con respeto hacia las diferencias: gente de otras tribus, gente del norte, intrusos como yo que venimos de otros países… En este nuevo país que nace se necesitan mayor respeto humano, tolerancia y paciencia. También son importantes el reparto de poder, la responsabilidad y la herencia compartida.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

viartola viartola
el 28/5/11
Si se piensa un poco, en el fondo, los problemas del ser humano vienen a ser los mismos en todas partes; no quiero minimizar lo que supone la falta de algo tan básico como la comida y el agua potable. Pero sí son comunes el sentido de pertenencia, el conocimiento y aceptación de uno mismo, el respeto, el aceptar lo diferente como algo enriquecedor para todos.
Felices vacaciones Hno. Bill
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