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Segundo Viernes de Cuaresma: La Encarnación.

Angel Moreno -

(Is 7, 10-14. 8, 10; Sal 39; Hbr 10, 4-10; Lc 1, 26-38)

TEXTO PARA MEDITAR

“El Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

REFLEXIÓN

Hoy resuena en mí una expresión, que motiva la contemplación del Misterio de la Encarnación del Verbo en el seno de María. “Dios, por su cuenta”.
La Santa Trinidad “por su cuenta”, creó el mundo, hizo todas las cosas, por amor, por libre iniciativa, como expresión de su voluntad magnánima decidió que el mundo existiera. Nada ni nadie obligaron a Dios a crear, a dar la existencia a las criaturas. En ese momento aconteció el primer destello de la Encarnación.
El Creador, por libre designio suyo, creó al ser humano, y lo hizo a su imagen y semejanza. Contemplando a su Hijo amado, Dios Padre, por el Espíritu, formó al hombre a semejanza divina. Y “tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo”, “nacido de mujer, nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley”.
Hoy celebramos la expresión suprema del amor de Dios al hombre, que se manifestó en el momento de hacerse Él mismo enteramente como nosotros, menos en el pecado. “Nos eligió de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad”.
La libertad y el amor se besan, la justicia y la fidelidad se abrazan. María, la joven nazarena, consciente y libre, responde por oblación de amor, ante el anuncio del Ángel: “Hágase en mí según ti Palabra”. Y su Hijo, se identificará con la actitud de su madre. De Él se dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias». «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

ORACIÓN

Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que hemos conocido por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo, por los méritos de su pasión y de su cruz, lleguemos a la gloria de la resurrección”.

PROPUESTA

Unirse a la actitud de María y a la de su Hijo, Jesús, el Verbo hecho carne y atreverse a decir: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

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