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Restaurar el cuerpo

Nicolás Caballero, cmf -

“... es preciso saber que uno reza con su cuerpo (...) Esto puede parecer evidente, pero el cristianismo, pese a su origen de religión de encarnación, se había [se ha] convertido de tal modo en una religión [sólo] del alma (…) que había [ha] olvidado la parte del cuerpo en la oración” (J.C Barreau).

El cuerpo ha de reflejar el silencio del alma, esencialmente religiosa; ha de ser llegar a ser, y cada vez más, lugar de la gloria de Dios; lugar de oración, y parte de nuestra relación de amor…

Necesitamos un cuerpo favorable para la celebración de nuestra propia presencia y para la celebración de nuestro culto razonable (lógico), el que debemos a Dios (Rm 12,1). Es la lógica de quien debe amar a Dios y amarlo ‘en cuerpo y alma’. El cuerpo, lugar de presencia del alma que lo habita, se tiene que someter a lo que llamo pautas de encarnación: posibilidades prácticas para que el alma habite nuestro cuerpo. Nuestra religión es una religión de encarnación.

Un primer orden es el restaurar nuestra anatomía deformada o dañada y nuestra fisiología alterada. No significa que tengamos que reparar nuestros daños corporales; es suficiente con que los asumamos y que sean parte de esa entrañable debilidad (aszeneya: astenia, 2 Co 12,9) que le dé a Dios la oportunidad de verter en nosotros su fuerza (dy?namis). Fuerza y debilidad –en este caso, corporal-no son una contradicción, sino una indecible confluencia de fuerzas como la del vaso vacío y el agua que lo llena; como del que no tiene y acepta que le den; como del que no puede y busca la fuerza de otro: De Dios… Y es un aspecto de ‘bienaventurados los pobres en el espíritu’.

Muchos cuerpos creyentes son cuerpos profanos, sin misterio, paganos. La orienta ión religiosa de nuestro cuerpo no se ciñe a gestos o posturas, reflejo de nuestra mente; tiene que salir del alma: Entonces el gesto es un gesto puro, no fabricado. Ese gesto, en tal caso, nos define; ese gesto, salido desde dentro, es necesariamente religioso; lo realiza el cuerpo pero ¡sale del alma…!

 


Extraído de la revista "Iris de Paz".
 

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Comentarios

eleazar eleazar
el 3/6/15
Es increible que Dios, en Cristo, tenga cuerpo; su cuerpo(Cuerpo) es Dios; de Dios; para siempre. Nuestra voluntad, tambien la de llegar a Dios, pasa por nuestro cuerpo, porque llegaremos con el cuerpo o no seremos nosotros.
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Augusto Augusto
el 4/6/15

"El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros" Jesucristo nuestro Señor vino con cuerpo. Toda la salvación, redención y glorificación del hombre y la creación, la hace con toda su persona: viviendo, muriendo, resucitando y subiendo a los cielos, y a los convertidos Dios nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para dar testimonio con nuestra vida verdadera.
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Connie Alvarez Connie Alvarez
el 23/6/15
Amén.
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Bety hdez Bety hdez
el 10/2/16
Padre Nicolas gracias por aportar al mundo la paz de la oracion que el Espiritu le inspira y saberle aun con esa energia que le da el anunciar la buena nueva por medio de la quietud del corazon para conocer, aceptar y acoger a Dios en nuestras vidas. Enseñarnos a orar es aportar al mundo la semilla y el interes de renacer en el creador y comenzar a dar cabida a la vida espiritual en esta humamudad tan materialista. Es una bendicion haber coincidido en tiempo y espacio. Gracias por compartir Al Dios que lleva dentro.
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luckyleemed luckyleemed
el 27/10/16
También el cuerpo es para dar testimonio de Cristo a quienes, aún sin oírnos, nos miran a diario. Debe ser signo del Cristo Vivo que vive en nosotros (pues ya no vivo yo, sino Cristo en mí...)
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luckyleemed luckyleemed
el 27/10/16
También el cuerpo es para dar testimonio de Cristo a quienes, aún sin oírnos, nos miran a diario. Debe ser signo del Cristo Vivo que vive en nosotros (pues ya no vivo yo, sino Cristo en mí...)
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luckyleemed luckyleemed
el 27/10/16
También el cuerpo es para dar testimonio de Cristo a quienes, aún sin oírnos, nos miran a diario. Debe ser signo del Cristo Vivo que vive en nosotros (pues ya no vivo yo, sino Cristo en mí...)
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