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Redención, sí; pero, para todos. Carta a un “cliente”

J. Rovira cmf. -

Estamos en plena celebración del Misterio de la Redención: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Un misterio del que no se puede participar individualmente, desentendiéndose del hermano. Sin recurrir ni siquiera al Nuevo Testamento, basta recordar las palabras de Dios a Caín, al principio de la Biblia: “Dónde está tu hermano?”. A lo que el muy caradura respondió: “No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”. Pero, Dios no se deja burlar: “¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano clama a mi desde el suelo...” (Gen 4, 9-10).

 

A este propósito, me van a permitir hoy que les transcriba una “carta abierta al cliente”, que no hace mucho publicó Mons. Rafael Nogaro, obispo de Caserta (cerca de Nápoles). También Roma, a altas horas de la noche, parece otra ciudad; sin contar ciertas zonas de la periferia e incluso del centro y algunas carreteras de los alrededores, tanto de noche como de día. Me refiero al drama de la prostitución. Ayer mismo, en pleno día, apenas fuera de la ciudad, quedé avergonzado observando que por aquella carretera había cada pocos metros una muchacha africana y coches parados. Ahí tienen el texto.

 

Hermano cliente,

He pensado hablar a tu corazón como hombre, como obispo de esta Iglesia, pero sobre todo con corazón de padre. Siento un inmenso dolor ante el drama y la desesperación de tantas hermanas nuestras extranjeras, forzadas a estar en la calle. Hoy, el Dios de la historia, el Dios de la vida, nos dirige a todos , y a ti en particular, una pregunta:

¿Dónde está tu hermana? ¿Dónde están tus hermanas?”.

Es una pregunta que no podemos esquivar, porque toca en profundidad nuestro ser criaturas, nuestro ser todos hijos de Dios. Es una pregunta que nos desasosiega y que deja una señal, como dejó una señal en Caín y en todos los Caínes de la historia.

Tú, hermano cliente, ¡sabes muy bien dónde está tu hermana, sabes bien dónde están tus hermanas! Están allá en la calle, tanto cuando el frío penetra su carne, como cuando el sol quema su piel. Están allá esperando tu llegada y aguantando tu humillante violencia, añadida a todo el dolor que llevan en el corazón y en la carne.

¿Dónde está tu hermana?

Tú sabes que está allá, en aquel preciso lugar, en aquella esquina de la calle, bajo la señal luminosa de aquel hotel... Está allá, como mercancía en venta, con cadenas en los pies, aunque tú no las veas..., porque de hecho no es libre, vive en esclavitud: vendida, comprada, revendida, golpeada, robada de su juventud, de sus sueños, de sus esperanzas, de su dignidad de mujer.

¿Dónde está tu hermana?

Hoy no puedes esquivar esta pregunta, hermano cliente. También tú eres responsable de esta nueva y repugnante forma de esclavitud. Es también tu contínua demanda que hace que sea cada vez más inhumano y violento este mercado internacional de seres humanos, en particular de mujeres y menores de edad.

Por eso, no pretendas respeto, no pidas seguridad, no invoques justicia si tú, con tu comportamiento privado, favoreces el juego sucio de la criminalidad organizada, alimentando esta forma ignominiosa de esclavitud.

¿Dónde está tu hermana? ¿Dónde están tus hermanas?

Hermano cliente, ¡deja que hoy esta pregunta te llegue hasta dentro! También tú tienes un corazón... también tú eres padre, eres hermano, eres hijo... Tu hermana tiene un rostro, tiene un nombre, tiene un corazón, tiene una historia... ¡Escucha el grito silencioso de tu hermana! Es un grito sofocado por el dolor y por las lágrimas que surcan su corazón y que pide ayuda, liberación, posibilidad de vida nueva.

Hermano cliente, hay necesidad también de tí, de tu corazón humano, de tu cambio de vida para liberar juntos la esperanza en la vida de tantas hermanas tuyas, de tantas hermanas e hijas nuestras. ¡Que este año sea para ellas y también para ti un año de gracia y de liberación!

 

¿Hace falta hacer algún comentario a lo que ha escrito el obispo? ¿Para qué, si está clarísimo? Para concluir, no estaría mal escuchar una vez más la estupenda canción de Nana Mouskouri: “Dios mío, ten piedad de la vida!”. Vale la pena.

¡Felices Pascuas!

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icono etiquetas etiquetas : prostitucion, cliente,
icono comentarios 1 comentario

Comentarios

anjuca anjuca
el 16/4/10
Comparto el dolor que transmite la carta y me emociona la maravillosa plegaria de la canción. Gracias
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