icono estrella Nº de votos: 0

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA: HA LLEGADO LA HORA

Angel Moreno -
Este domingo era llamado popularmente “domingo de Pasión”. Al llegar a esta altura de la Cuaresma se cubrían todas las imágenes. La Liturgia y la piedad popular centraban su atención en los padecimientos de Cristo.

En la primera lectura de la Liturgia de la Palabra se anuncia: “Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva” (Jer 31, 31). El Evangelio de San Juan afirma: “Ha llegado la hora”. Las palabras de Jesús a su madre en Caná de Galilea –“Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2, 4)-, han cambiado: “Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre”.

Jesús siente la resistencia de su naturaleza humana, pero la vence y se entrega. “Padre, glorifica tu nombre”. “Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna” (Ef 5, 9).

Los acontecimientos se precipitan. Las lecturas bíblicas nos invitan a fijar nuestros ojos en el Señor, a entrar en nuestro propio interior sin movimientos evasivos. “Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones” (Jer 31, 33). “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme” (Sal 51 [50], 12).

Hoy se nos desvela parte del misterio que más nos cuestiona, el sentido de la cruz. Con frecuencia se interpreta que el sufrimiento es desgracia, posible falta de amor de Dios, y cabe el sentimiento de rebeldía, de protesta, de pregunta al cielo. “¿Qué he hecho yo para merecer la cruz?” Y se apodera del ánimo la tristeza por el posible agravio comparativo, mirando la suerte de los demás.

Es el momento de mirar a Cristo, al que ha sido declarado Hijo amado de Dios. Hoy la voz del cielo vuelve a afirmar: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. Y San Pablo: “Cristo, a pesar de ser Hijo, aprendió sufriendo a obedecer”.  Al menos se nos desvela que el sufrimiento por sí mismo no significa desamor de Dios. Al Hijo amado, al que será glorificado, lo contemplamos en la cruz.
 
¡Que no se nos pase este tiempo de gracia! Por la Alianza Nueva somos habitados en las entrañas. El eco del querer de Dios, de su amor personal e íntimo, resuena en nuestro corazón, que, grabado con la ley de divina, se ha convertido en testigo de su amor. Ya no hacen falta las tablas de la ley, cada uno tenemos dentro de nosotros la referencia más segura de la voluntad más positiva en nuestro favor. Se manifiesta en la paz interior, en la fuerza para acometer y superar la prueba, en la certeza de que nada se pierde a los ojos de Dios.

“Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, Tú no le desprecias” (Sal 51 [50], 19).
Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.