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¿Pura casualidad o alguien “organiza” nuestras vidas?

Josep Rovira, cmf -
    En la primera hornada de quince nuevos cardenales hecha por el Papa Benedicto XVI, que ha tenido lugar el pasado mes de Marzo, había un italiano llamado Andrea Cordero Lanza de Montézemolo. Después de la celebración, dicho cardenal ha contado una coincidencia por lo menos singular.

    Cuando el ejército alemán ocupó Roma, durante la segunda guerra mundial, su familia tuvo que esconderse. La razón era que los nazis buscaban a su padre, Giuseppe, porque era el fundador y comandante del frente militar clandestino. A pesar de ello, fue capturado el 25 de Enero de 1944. Fue interrogado y torturado por la Gestapo en la cárcel romana de Via Tasso, antes de ser fusilado con otros 334 en las llamadas  Fosas Ardeatinas, en las afueras de la ciudad.

    Cuenta el hijo: “Supimos enseguida de su muerte, pero no podíamos estar seguros hasta que no encontráramos su cuerpo”. Andrea, que tenía entonces dieciocho años, estuvo presente cuando fueron desenterrados los cadáveres y pudo reconocer los restos desfigurados de su padre en agosto de aquel año. 

    Acabada la guerra, Andrea se doctoró en arquitectura y más tarde se hizo sacerdote. El recuerdo más vivo de la figura cristiana de su padre está unido al último mensaje que Giuseppe logró hacer llegar a su familia antes de ser fusilado: “Si todo fuera a mal –escribía-, Juccia (la esposa) sepa que no me había dado cuenta de amarla tanto; me duele solamente por ella y por los hijos. Confío en Dios”.

    Andrea ha ocupado cargos cada vez más importantes en la Iglesia, ya sea como secretario de la Comisión Pontificia Justicia y Paz, ya sea sobre todo en el campo diplomático. En particular fue decisivo su papel como Nuncio Apostólico en Israel, y es considerado uno de los artífices del acercamiento diplomático entre Israel y la Santa Sede en los años noventa. A este respecto, quienes le conocen dicen que le ayudó mucho, en sus contactos con los ambientes israelíes, el hecho de saber que era hijo de una víctima del nazismo.

    Pues bien, ¿será pura casualidad, o algo más, el hecho de que Andrea haya sido nombrado cardenal por un alemán (¡!), el Papa Ratzinger, el mismo día (¡!) en que conmemoraba el aniversario de la muerte de su padre por manos de alemanes?  ¿No habrá sido como una especie de acto de justicia por parte de Dios, como si dijera: “Respeto la libertad que os dí, incluso cuando sois malos; pero, eso no quita que yo me salga con la mía y haga justicia. La historia es mía, y sé cómo conjugar vuestra libertad con mi amor. Yo no tengo prisas, vosotros sí. Sé esperaros ante la puerta de casa, como el padre de familia (Lc 15, 20). Ya iréis llegando... Ciertamente no me váis a ganar en paciencia...”.

    Es que hay “casualidades” que a uno le dan que pensar y le hacen casi palpar que, más allá de nuestra libertad, hay Alguien que “organiza” nuestras vidas. Ahí va algún ejemplo. ¿Será pura casualidad  el hecho de que hace un año, el 2 de Abril del 2005, Juan Pablo II, cristiano aguerrido, devotísimo de la Virgen, promotor de la celebración de la fiesta del “Amor Misericordioso de Dios”, muriera en día de sábado y después de las Primeras Vísperas de aquella fiesta que se celebra el domingo después de Pascua? Si me permiten un hecho personal, ¿será pura casualidad que mi madre, que de joven había deseado ser misionera claretiana, tuviera un hijo claretiano, que vive a poco más de una hora de avión de su tierra, y que el Señor se la llevara precisamente durante unos breves días en que dicho hijo se encontraba muy lejos en tierras de misión, lo cual le impidió participar en el funeral (como si la madre, que no había podido ser misionera en vida, lo fuera en el hijo en el momento de la muerte)? ¿Será pura casualidad que un joven religioso se tope con la “novia ideal” pocos días antes de su profesión perpetua o de su ordenación sacerdotal, o una religiosa su “novio ideal”, lo cual hace que sientan crugir sus principios y convicciones y les obligue a repensar su opción y a “sufrir” su entrega a Dios y a su Pueblo? ¿Será pura casualidad el hecho de que Jesús, en vez de morir anciano y sereno en una cama, rodeado de discípulos premurosos, o decapitado (como lo hubiera sido, en el caso de ser ciudadano romano, piénsese en san Pablo), o lapidado (como lo hubiera sido, en el caso de ser condenado por el Sanedrín, como Esteban –Hech 7, 58-60-, como la adúltera –Jn 8, 2-11-, o como ya quisieron hacer con Él los judíos más de una vez –Jn 8, 59-), Él muriera en cambio en una cruz, con poco más de treinta años y con la muerte más dolorosa y vergonzosa que existía en aquel tiempo?...

    ¿Por qué hay hechos, al parecer insignificantes, o encuentros aparentemente casuales, que luego resulta que han marcado en profundidad o incluso han cambiado radicalmente nuestra existencia? ¿O es que a Uds. no les ha sucedido nunca? ¿No andrá por ahí lo que llamamos la Providencia? Evidentemente, cada uno es libre de pensar como quiera; pero, la verdad es que, mirando hacia atrás –como he dicho antes-, a veces uno tiene la sensación de palpar la presencia de un Alguien que no nos deja solos y va entretejiendo nuestras vidas con discreción, casi imperceptiblemente, porque el amor con que se empeña en seguirnos día tras día no puede contradecir al amor con que nos hizo libres.

    (Entre paréntesis. Acabo de ver el nuevo film de Philip Gröning “El Grande silencio”, que ha tenido un éxito totalmente inesperado nada menos que en Alemania, patria del director. En dicho film, el director, solo, sin música, ni comentarios, ni luces artificiales..., acompañado solamente por los sonidos de la naturaleza y del silencio monástico, nos presenta la vida de los monjes de “la Grande Cartuja” de Francia. Al final de una entrevista reciente, ha dicho: “He crecido como católico. No estoy de acuerdo con muchos aspectos prescritos por la Iglesia oficial; pero, creo que se debería pensar en una cadena de acontecimientos fortuitos demasiado grande si el mundo en que vivimos hubiera nacido completamente sin significado”. Por cierto, ¡vayan a ver el film! Son dos horas de pura belleza, paz, meditación y contacto directo con la naturaleza...).

    Pascua, Fiesta de la “feliz culpa”, como canta el Pregón Pascual; día en que el amor paciente de un Padre se salió con la suya, a pesar de nuestro pecado, salvando al Hijo y con Él a todos nosotros.

    ¡Felices Pascuas! Buona Pasqua!

J. Rovira, cmf.
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