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Primera congregación general 03-10-2005

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -

Benedicto XVI ofreció unas reflexiones al inicio de los trabajos sinodales. "Una de las funciones de la colegialidad -dijo- es la de ayudarnos a conocer la lagunas que no queremos ver: no es fácil ver los propios defectos y los otros los ven mejor que nosotros".

En este sentido, prosiguió, "la corrección fraterna sirve para (...) que seamos más abiertos, para que (...) cada uno pueda encontrar la verdad, su integridad como instrumento de Dios. Todo ello exige humildad para no considerarnos superiores a los demás, sino para ayudarnos recíprocamente".

De esa forma, "podemos ayudarnos con un gran acto de amor, acto de afecto colegial verdadero. Cuando una persona está desesperada, no sabe como salir adelante, necesita consuelo, necesita que alguien esté con el, que le aliente, que tome el papel del Espíritu Santo consolador ".

"Esta es una invitación a que nosotros mismos llevemos a cabo la obra del Espíritu Santo paráclito". ¿Cómo podemos hacerlo -se preguntó Benedicto XVI- si no compartimos la misma fe que ninguno de nosotros ha inventado, sino que es la fe de la Iglesia?".

"La fe es el fundamento común sobre el que estamos trabajando", y en palabras de San Pablo, "hay una invitación a permanecer siempre en este fundamento que nos precede, a tener esta fe común. Cada uno debe vivir la fe, explicó, "según su característica original, pero sabiendo siempre que esta fe nos precede" .

El Santo Padre concluyó alentando a los participantes en el Sínodo a ser "instrumentos de Cristo" y a "entrar en los pensamientos y en los sentimientos del Señor".

(JPG) El presidente delegado de turno, cardenal Francis Arinze, dirigió unas breves palabras al inicio de la sesión matutina. "Venimos -dijo- para reflexionar sobre un tema que toca el corazón de la vida de la Iglesia. La santísima Eucaristía, como dice el Concilio Vaticano II, "contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo, nuestra Pascua". La Eucaristía "está en el centro de la vida eclesial".

A continuación, el secretario general del Sínodo de los Obispos, el arzobispo Nikola Eterovic, informó sobre las actividad del consejo de la secretaría general durante el tiempo transcurrido desde la anterior asamblea, y subrayó que si Juan Pablo II comenzó la preparación de la XI Asamblea General Ordinaria, su sucesor, Benedicto XVI, la concluirá.

El cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia (Italia), relator general del sínodo, leyó la Relatio ante disceptationem (informe que precede al debate). Ofrecemos extractos de su intervención:

"Después de haber hecho referencia al asombro eucarístico, la Introducción (Eucaristía: la libertad de Dios va al encuentro de la libertad del hombre) evidencia el nexo de la Eucaristía con la evangelización y con la ratio sacramentalis propia de la Revelación. En el Primer Capítulo (El novum del culto cristiano) trata de poner de relieve la novedad del culto cristiano. El Segundo Capítulo (La acción eucarística) trata de la acción eucarística en sus elementos distintivos y del necesario nexo entre ars celebrandi y actuosa participatio. Un Tercer capítulo (Dimensión antropológica, cosmológica y social de la Eucaristía) quiere mostrar de qué manera la Eucaristía posee intrínsecamente una dimensión antropológica, una dimensión cosmológica y una dimensión social. La Conclusión (La existencia eucarística en los sufrimientos contemporáneos) ofrece una exposición sintética de la materia desarrollada para terminar con un breve deseo para nuestros trabajos.

"El apagarse del asombro eucarístico depende, en último análisis, de la finitud y del pecado del sujeto. Frecuentemente esto encuentra un terreno de cultura en el hecho que la comunidad cristiana que celebra la Eucaristía está lejos de la realidad. Vive abstractamente. Ya no le habla al hombre concreto, a sus afectos, a su trabajo, a su descanso, a sus exigencias de unidad, de verdad, de bondad, de belleza. (...) La Asamblea Sinodal deberá indagar atentamente este estado de cosas y sugerir los remedios posibles".

"Por su naturaleza de manantial de la logiken latreian la acción ritual eucarística es también objetivamente la más esencial y decisiva de todas las acciones humanas. De hecho, en el rito eucarístico, y en un determinado momento, hace irrupción el significado cumplido de la historia, y por tanto su verdad. (...) La consideración del rito en toda su plenitud permite evitar toda fragmentación y yuxtaposición entre la acción eucarística y las exigencias de la nueva evangelización, que van desde el anuncio testimonial en cada ambiente de la humana existencia hasta las necesarias implicaciones antropológicas, cosmológicas y sociales que la Eucaristía pone en marcha. Además, permite a la comunidad cristiana seguir, simultáneamente, con fidelidad las rúbricas litúrgicas y con gran ductilidad las instancias de la inculturación".

"La celebración eucarística es el acto del culto llamado a manifestar de modo eminente el único evento pascual. (...) El sacramento es dado por la comunión de los hombres en Cristo. Fuera de esta comunión eucarística y sacramental la Iglesia no está plenamente constituida: La Eucaristía hace la Iglesia".

"El Obispo no preside la Eucaristía, en virtud de una razón meramente jurídica, porque sea el Ajefe@ de la iglesia local, sino por la fidelidad al mandamiento mismo del Señor que ha confiado el memorial de su Pascua a Pedro y a los apóstoles. (...) La comunión con el Obispo es la condición para que sea legítima la concelebración eucarística a favor del pueblo de Dios".

"Una segunda constatación de cómo la celebración eucarística hace la Iglesia, es la radical diversidad entre el templo cristiano y el pagano y el mismo templo judío. Mientras el templo pagano y el judío estaban caracterizados por la presencia de la divinidad y a causa de tal presencia eran considerados sagrados y sacralizantes, el “lugar” de culto cristiano consiste en un cierto sentido en la misma acción de la celebración del misterio".

"Antes que nada se debe destacar la sustancial comunión de fe entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas sobre el tema Eucaristía y sacerdocio, comunión que, a través de una mayor y recíproca profundización de la celebración eucarística y de la divina liturgia, está destinada a crecer. Se debe además recibir positivamente el nuevo clima a propósito de la Eucaristía en las comunidades eclesiales nacidas a partir de la Reforma. Según diversos grados y con alguna excepción, también tales comunidades subrayan cada vez más el carácter decisivo de la Eucaristía como elemento clave en el diálogo y en la praxis ecuménica".

La “intercomunión” de los fieles pertenecientes a diversas Iglesias y comunidades eclesiales puede constituir un instrumento adecuado para favorecer el camino hacia la unidad de los cristianos? La respuesta depende de una atenta consideración de la naturaleza de la acción eucarística en toda su plenitud de mysterium fidei. La celebración eucarística, de hecho es por su naturaleza profesión de fe integral de la Iglesia".

"En la evolución histórica que va desde la Última Cena de Jesús a la Eucaristía de la cual hoy la Iglesia vive, el núcleo constitutivo y permanente de la acción ritual está formado por la estrecha unidad entre liturgia de la palabra y liturgia eucarística.

"El carácter de don propio de la acción eucarística, que implica la comunicación de la libertad del Deus Trinitas, en Jesucristo, le pide a la libertad de los hombres que su gratuidad no sea nunca desconocida. Aunque provoque un gran sufrimiento, su falta no confiere al fiel y al pueblo de Dios derecho alguno a la Eucaristía. Por la misma razón, el don de la Eucaristía no puede ser nunca idolátricamente Aposeído@ por parte del hombre, no tolera una actitud casi gnóstica de pretendido dominio".

"El problema de la escasez de presbíteros se debe afrontar con coraje en el panorama de la Eucaristía como don. Esta situación ha dado lugar a un incremento considerable de las Aasambleas dominicales en espera de sacerdote@ (liturgias de la Palabra con o sin distribución de la Comunión, celebraciones de la Liturgia de las Horas o de devociones populares). (...) Nunca se privó de la Eucaristía a la Iglesia particular. Por esta razón es una buena práctica pastoral alentar al máximo la participación a la Eucaristía en una de las comunidades de la diócesis, aún cuando esto requiera un cierto sacrificio. (...) Allí donde una cierta movilidad no fuese accesible, la conveniencia de estas asambleas se verá, precisamente, a partir de su capacidad para acentuar en el pueblo el ardiente deseo de la Eucaristía".

"Los sacrificios, y hasta el heroísmo, cumplidos por no pocos cristianos perseguidos por vivir la Eucaristía, muestran que su ausencia nunca puede ser colmada por otras, aunque significativas, formas de culto. Deseamos por ello rendir homenaje a la extraordinaria experiencia eucarística del difunto cardenal Van Thuan durante su encarcelamiento".

"Para atender a la escasez de sacerdotes, algunos, guiados por el principio "salus animarum suprema lex", proponen ordenar fieles casados, de comprobada fe y virtud, los llamados "viri probati". La solicitud, con frecuencia, está acompañada por el reconocimiento positivo de la bondad de la secular disciplina del celibato sacerdotal. Ellos, sin embargo, afirman que esta ley no debería impedir de dotar a la Iglesia de un número adecuado de ministros ordenados, cuando la penuria de candidatos al sacerdocio celibatario asumiese proporciones extremamente graves.

"Es superfluo insistir aquí sobre los motivos teológicos profundos que han conducido a la Iglesia latina a unir la atribución del sacerdocio ministerial al carisma del celibato. Se impone, más bien, la pregunta: ¿esta elección y esta práctica son pastoralmente válidas aún en casos extremos como los que aquí han sido mencionados?

"Parece razonable responder en sentido positivo. Al estar íntimamente ligado a la Eucaristía, el sacerdocio ordenado participa de su naturaleza de don y no puede ser considerado un derecho. Si es un don, el sacerdocio ordenado necesita ser incesantemente solicitado. Y se hace muy difícil establecer el número ideal de sacerdotes en la Iglesia, desde el momento que ella no es una “empresa” a la que se debe dotar de una determinada cuota de "personal directivo".

"Serán, por lo tanto, de gran utilidad las propuestas que se harán en esta Asamblea Sinodal para individualizar los criterios para una más adecuada distribución del clero en el mundo".

"La diferencia radical entre Aquel que se dona y aquel que recibe el don (...) abre al fiel a la conciencia del "mysterium tremendum" de la Eucaristía. No nos podemos acercar a Ella sin percibir toda la propia indignidad y sin prepararnos invocando el perdón de los pecados. (...) Por esta razón, una adecuada catequesis eucarística nunca puede ser separada de la propuesta de un camino penitencial. En la confesión hunde también sus propias raíces la venerable práctica del ayuno eucarístico, al que sería útil dedicarle alguna reflexión en esta Asamblea".

"A nadie se le escapa la difundida tendencia a la comunión eucarística de los divorciados que se vuelven a casar, más allá de lo indicado por las enseñanzas de la Iglesia. (...) Es necesario que toda la comunidad cristiana acompañe a los divorciados que se vuelven a casar en la toma de conciencia de que no están excluidos de la comunión eclesial. Su participación en la celebración eucarística permite, en todo caso, esa comunión espiritual que, si es vivida bien, es un reflejo del sacrificio mismo de Jesucristo".

"La participación consciente, activa y fructuosa del pueblo de Dios -sobre todo con ocasión del precepto dominical- coincide, de hecho, con la adecuada celebración de los santos misterios. (...) Se trata de obedecer al rito eucarístico en su extraordinaria integridad, reconociendo la fuerza canónica y constitutiva desde el momento en que, no por casualidad, desde hace dos mil años asegura la existencia de la Santa Iglesia de Dios".

"La consideración del rito eucarístico como acción sacramental que por sí sola es capaz de justificar la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia, no sería completa si no se mostrase su fuerza de transformación de la vida personal y comunitaria de los fieles y, a través de ella, su fecundidad en relación a toda la familia de los hombres y de los pueblos".

"La celebración eucarística vuelve a presentar el evento pascual que establece, por sí mismo, las condiciones de su comunicabilidad a todas las culturas humanas. (...) Para expresar la dimensión intercultural de la Eucaristía es valioso (...) el empleo de la lengua latina".

"Si la Eucaristía es el don del encuentro sacramental entre el hombre y el Dios de Jesucristo que hace "verdaderamente libres", entonces tal evento posee por su naturaleza una fundamental dimensión antropológica".

"La dimensión comunitaria de la acción eucarística permite además a los cristianos no olvidar que lo creado-cosmos es un bien común y universal y que el compromiso con respecto a él se extiende no solamente a las exigencias del presente, sino también a las del futuro"

"Reunirse cada domingo, en cualquier lugar de la tierra, para participar del mismo Cuerpo y de la misma Sangre de Cristo, impone el deber de una lucha tenaz contra todas las formas de marginación y de injusticia económica, social y política a la que están sometidos nuestros hermanos y hermanas, sobre todo los niños y las mujeres".

"La Eucaristía se convierte, simultáneamente, en fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia en la acción misma en la cual es celebrada. (...) Las maravillas de la gracia divina están encerradas en las sagradas especies del pan y del vino convertidos en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. (...) La Iglesia celebra estos misterios, se alimenta de esta comida celestial y la adora reconociendo en Jesús sacramentado el Camino a la Verdad y a la Vida".

"Esta forma eucarística de la personalidad y de la comunidad cristiana no es una utopía. Vive ya plenamente en María, mujer eucarística".

VIS 051003 (2300) (Vatican Information Service)

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