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Podemos cambiar las cosas

Hno. Bill Firman. Traducción: Paula Merelo -

 

Una cantidad ingente de recursos ha llegado a Sur-Sudán desde que se firmó el Tratado Integral de Paz en enero de 2005. ¿Qué signos de progreso se pueden observar entre la gente corriente como consecuencia de esto? ¿Hay algún tipo de evidencia que pruebe que se están generando oportunidades para la gente en general? Algunas cosas son muy patentes: más colegios, más vehículos, mayor variedad de mercancías, incluso a pesar de la escasez actual. No hay duda, creo, de que se abrirán nuevas rutas de abastecimiento y se producirá un reajuste. 

Hace poco pregunté en una de mis clases: “¿mereció la pena la guerra?”. Hubo muchas respuestas dando distintas razones de por qué lo fue, incluyendo las de personas que perdieron a algún familiar en la guerra. En esta clase de jóvenes entre los 19 y los 30 años, sólo 12 de 32 personas disfrutan todavía de sus padres. Las madres de 26 de ellos siguen vivas pero en la mayoría de sus familias algún hermano murió también. La guerra fue la causa directa de la muerte de muchas personas pero otras muchas murieron por causas indirectas: hambruna, mala asistencia sanitaria y durísimas condiciones de vida. Sin embargo, el mayor logro ha sido el de una paz permanente y una sensación real de que las personas controlan sus destinos. Durante la semana pasada, estuve unos días con la hermana Pat Murray ivbm, directora ejecutiva de Solidaridad con Sur-Sudán, mientras visitaba el colegio del Loreto, un centro de educación secundaria para niñas situado justo a las afueras de Rumbek en Sur-Sudán. Nos impresionó mucho el nivel de inglés de las niñas, su seguridad y su soltura –chicas jóvenes que miran ahora a su futuro. Las chicas nos hablaron abiertamente sobre lo difícil que había sido al principio la convivencia porque llegaba cada una de una tribu diferente con costumbres distintas, pero ahora, como primer grupo que se gradúa, se sienten seguras, confiadas y ambiciosas. 

Las tres hermanas del Loreto irlandesas que dirigen el colegio han hecho un buen trabajo, según los estándares sudaneses, pero todavía con muchas necesidades de desarrollo. Las niñas del Loreto pueden enfrentarse a un futuro muy diferente ahora que les es accesible una educación de calidad. Entre ellas hay una chica sudanesa de Australia que ha dejado al resto de su familia en Sydney y ha regresado a Sudán a terminar su educación con la ambición de ayudar a su pueblo. Ni siquiera está segura de cuándo podrá volver a visitar a su familia. Al principio, Sur-Sudán le pareció muy duro pero ahora ya se ha restablecido en la cultura que la vio nacer. 

De lo que yo me di cuenta especialmente es de que estas chicas son como cualquier otra en otro país, hablando, riendo, preocupándose por su aspecto, posando para las fotos con flores –y amigos. Muchas de ellas, criadas en tukuls de paja, disfrutan ahora familiarizadas con el nuevo mundo de posibilidades que se les abre. Las chicas salen y entran del convento con toda confianza. Se las trata con respeto como personas valiosas y amigas, no simplemente como estudiantes. Me cuentan que no fue nada fácil, especialmente al principio, cuando hubo que seleccionar a las primeras estudiantes, pero lo que se ha mantenido ha sido un grupo muy agradable que trabaja duro para aprovechar al máximo la oportunidad que se les ofrece. Estoy convencido de que la gente comprometida tiene un impacto tremendo. Ahora que estoy dando clases en nuestro Instituto Católico de Formación en la Salud en Wau, estoy observando algo parecido a lo que ocurre en Loreto. Da a los jóvenes la oportunidad y la orientación y cosecharás buena recompensa. La calidad solo puede florecer si se ofrece la oportunidad.

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