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Pentecostes 2005

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Querido amigo de Buenafuente: Como regalo de Pascua, Jesús resucitado derramó su Espíritu sobre los Apóstoles y les concedió un poder divino, el de perdonar los pecados. Esta fuerza sacramental me ha hecho más consciente de otra dimensión del perdón: la capacidad que tengo como cristiano de perdonar las ofensas.Jesús nos lo enseña en su oración: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Sin confundir las dos dimensiones del perdón, en ambos casos me resuena la exclamación: “¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” Suavemente, ha entrado en mi carne la esperanza, como leve susurro que se deja notar por la frescura interior que nace cuando seaparta la mente de la mala memoria, de todo recuerdo negativo y se siente la llamada reconciliadora al perdón, que puedo pedir, puedo recibir y puedo dar. Jesús, en Pentecostés, ha extendido el don de su Espíritu sobre todos los fieles, y por su fuerza, el creyente escucha en su conciencia la moción: “Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros”. El perdón es de Dios. Jesús, su Hijo, nos perdonó, y por el don entregado de su Espíritu nos llama a perdonarnos mutuamente, a ofrecer a la sociedad violenta la alternativa del perdón. Insólita llamada e insólito poder que alberga el cristiano en su corazón. Yo puedo perdonar a los que me ofenden y con ello actúo a lo divino. Es fuerza del Espíritu que al morir, entregó Cristo por su costado abierto. Y antes, en su agonía, con su gesto magnánimo: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. También es la actitud que aprendió el discípulo: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Jesús nos concede el don precioso de la mutua misericordia. No es de Pascua aguantar las heridas, ni esconder las llagas. No es cristiano el resentimiento, ni siquiera la memoria secreta que “perdona, pero no olvida”. Jesucristo glorioso nos deja el regalo de Pentecostés: “Recibid el Espíritu Santo y perdonaos unos a otros por amor”. ¡El perdón es de Dios, y yo tengo siempre capacidad de perdonar! Amigo, comparto el don y la llamada divinos que se nos ha entregado: poder perdonar por amor. En Pentecostés, admíteme un abrazo de paz.
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