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Para orar y celebrar

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1. Cantos
-  Laudato sii, o mi Signore
-  El Agua del Señor (canto carismático)
-  El Agua no tiene color (Mocedades)
-  La fonte (texto de san Juan de la Cruz, música Rafael Mª León)
-  Una fuente de agua viva (CLN. 229)

2. Oraciones

Paráfrasis del salmo 103

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grandes eres! Asentaste la tierra sobre sus cimientos... Le pusiste el océano como vestido y las aguas cubrían los montes. Pero a tu bramido, las aguas huyeron, al fragor de tu trueno, se retiraron: subieron a los montes, bajaron a los valles, ocuparon el lugar que tú les señalaste. Les pusiste una frontera que no deben pasar, para que no vuelvan a cubrir la tierra. De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las montañas; en ellos beben todas las bestias del campo, y los asnos salvajes apagan su sed. En sus riberas anidan las aves del cielo, dejan oír su canto entre las frondas. Desde tus aposentos riegas las montañas, con tu acción fecundas la tierra... Bendice al Señor, alma mía. ¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Cántico de Daniel (3,52.57-78)

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros antepasados, a ti gloria y alabanza por siempre.

Obras todas del Señor, bendecid al Señor,ensalzadlo por siempre con cánticos.

Aguas del cielo... Lluvias y rocíos... Escarchas y nieves... Manantiales y fuentes... Arroyos y ríos... Que la tierra bendiga al Señor, ensálcelo por siempre con cánticos.

3. Palabra de Dios

-  Gn. 1,1-2,4 Historia del cielo y de la tierra
-  Ezq. 36, 24-28. “Os rociaré con agua pura...”
-  Salmo 8 - Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre!
-  Salmo 41 - “Como busca la cierva corrientes de agua...”
-  Jn. 4,5-15 “Señor, dame de esa agua”
-  Mc. 1,9-11. En cuanto salió del agua se oyó: “Tú eres mi hijo amado”
-  Jn. 7,37-38. “... brotarán ríos de agua viva”
-  Jn. 9,1-7. “Ahora verte a lavarte a la piscina de Siloé”

4. Para hacer “oración” la vida

A.- Señor Jesús, tenemos sed de ti, tú eres el agua viva, por ello te quedaste entre nosotros para poder saciar nuestra hambre y nuestra sed, bajo los signos del pan y del vino. A pesar de tu esfuerzo nosotros nos empeñamos en correr tras otros manantiales que no sacian nuestros deseos profundos.

B.- Dios de mi salvación, no apartes de mí tu Luz. Soy débil y los males me cercan. Sé dentro de mí como manantial que alumbra aguas preñadas de alegría y felicidad. Que se alegren y regocijen aquellos que te buscan; los que te aman.

C.- Padre, que para tu semilla, mi corazón sea siempre tierra buena. No me niegues nunca la lluvia de tu Gracia, sin la cual no sabría dar nunca la razón de mi existir.

D.- Padre misericordioso, hasta ahora, me había limitado simplemente a pasar por la vida sin detenerme a observar todo lo maravilloso que en ella has creado tú. Ahora veo claro que todo tiene su importancia y función. Por eso, hoy que hemos descubierto el valor del agua para nuestro subsistir te damos gracias porque al fin ésta se hace presente en las montañas en forma de nieve y en los campos penetrando hasta sus entrañas.

Que nunca nos falte tampoco, Padre, para nuestras vidas el “agua viva” que tú prometiste, en tu Hijo, a las personas que te buscaran con sincero corazón.

E.- Padre de todas las criaturas, cada día que pasa me doy más cuenta de las cosas que has hecho. Me siento pequeño ante la grandiosidad de la obra que me rodea. Siento que te amo algo más que otras veces pues te he sentido más de cerca en esta ocasión.

He reflexionado sobre el uso que hacemos de tus cosas que son las nuestras, en especial del agua. Me siento avergonzado y te pido perdón. Por otra parte me siento contento porque aprendo que debo tratar las cosas con mucho amor, con el mismo que Tú pusiste al crear el mundo que nos diste.

5. Textos

La lluvia

“¡Me gusta ver llover! Cuando llueve me olvido de la gente que me rodea y sólo me fijo en esas gotas que caen como borrachas, revoltosas, produciendo un tintineo en los cristales, en el tejado o en la flor quedándose como una lágrima o una perla.

Todo eso me recuerda las tardes sentadas en mi casa al calor del brasero, frente a unos libros y unos cuadernos llenos de ejercicios, acompañada de mi madre que cosía o hacía punto, con la radio puesta.De vez en cuando me levantaba y me asomaba a la ventana. El vaho de mi aliento empañaba el cristal que aprovechaba para poner mi nombre. Cuando escampaba me gustaba salir a la calle para ver suelo mojado y oler a tierra fresca. Todo había quedado limpio y el ambiente más terso. Cuando lo pienso se llena de mayor contenido mi vida”.

El lenguaje del río

“Andrés se quedó con el barquero y aprendió a manejar la barca; y si no tenía trabajo con la barca ayudaba a Pedro en el campo de arroz, recogía la madera, cosechaba los frutos del bananero. Aprendió a construir un remo, y a reparar la embarcación, y a trenzar cestos. Estaba alegre por todo lo que aprendía y los días y los meses pasaban con rapidez.

Pero, más de lo que podía enseñarle Pedro, le instruía el río. En él aprendía continuamente. Sobre todo le enseñó a escuchar, a atender con el corazón tranquilo, con el alma serena y abierta, sin pasión, sin deseo, sin juicio ni opinión.

A menudo Pedro y Andrés se sentaban por la noche en el tronco, junto a la orilla; en silencio escuchaban el susurro del agua, que para ellos ya no era la corriente, sino la voz de la vida, de la existencia, de lo que siempre será. Y a veces ocurría que al escuchar ambos el río, pensaban en las mismas cosas, en una conversación de anteayer, en un viajero cuya cara y destino les interesaba, en la muerte, en su niñez; y los dos, en el mismo instante que habían escuchado al río algo bueno, se miraban mutuamente, pensando ambos exactamente igual, se sentían felices con la misma contestación por idéntica pregunta.

¿Verdad amigo que el río tiene muchísimas voces? ¿No posee la voz de un rey y de un guerrero, la de un toro y la de un pájaro, la de una pantera y la de un hombre que suspira, y otras voces más? Así es, dijo Pedro. Todas las voces de la creación están en el río”. Herman Hesse, Siddartha, 123

La hoja que no quería agua

Había una vez una planta muy joven en la que se ponían grandes esperanzas. Tenía exactamente cuatro hojas. Cuatro bonitas hojas, resplandecientes al rocío y al sol. Un día, las cuatro hojas tuvieron - es la moda - una reunión de equipo. Una dijo que su vocación clara consistía en permanecer unida al naciente arbolito, pero que en lo sucesivo había decidido prescindir del agua. Cuestión de proyecto personal: “Que sus compañeras estudiasen el asunto y una vez entendido respetaran su libertad”. Las otras tres hojas estaban repletas de buenas disposiciones y decidieron aceptar lo que su compañera les pedía. Se instaló un ingenioso sistema de paraguas; con el buen tiempo, el paraguas se cerraba y se abría en cuanto amenazaba lluvia. Y he aquí que el arbolito tan prometedor dio signos de languidez y murió. Cada hoja fue llevada por el viento a un sitio distinto. ¿Qué se podría haber hecho?

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