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Palabras mozambicanas

Miriam Piqueras - Revista FAST -
Durante mi estancia como voluntaria en Mozambique este verano, han sido tres las palabras más escuchadas. Esas tres palabras me ayudaron a pararme a pensar sobre las diferencias, la igualdad y también la esperanza.

La primera de ellas solía escucharla cuando caminaba por la calle y en conversaciones en lengua macua de las que yo era protagonista. En ocasiones, la escuchaba en un murmullo; en otras, como un grito de alegría desde el otro lado de la carretera; a veces, la escuchaba a modo de reclamo para invitarme a jugar y, en otras, casi como un reproche: ACUNHA.

Acunha significa, en lengua macua, “blanco”. Antes de viajar a Mozambique, comentando con mis compañeros y amigos sobre cómo sería mi experiencia estábamos de acuerdo en que el sentimiento de “sentirse diferente” sería muy fuerte y, según en qué aspectos, no nos equivocábamos. Al principio, escuchar a todas horas, al verme aparecer,  “acunha”, me provocaba una sonrisa, pero según pasaban los días, la palabra empezó a resultarme incómoda. Creo que fue a raíz de un día en el que le pregunté a una niña de diez años:

- Si nosotros somos acunha, ¿cómo os llamamos a vosotros? (interesándome por el antónimo de la palabra).

- ¿Nosotros? Pobres, me dijo.

O puede que fuera aquel otro día en que un niño de la escolinha, Teilson, de cuatro años, me dijo en portugués:

- ¿Sabes titía?, mañana seré acunha.

Como veis, el tema va más allá de blanco o negro (que en mi clase, no existe el color carne, sino el beige y el marrón). La cuestión de fondo son los prejuicios culturales, consecuencia sobre todo de la historia y también de la naturaleza humana, supongo.

Así, en el tiempo que viví en Mozambique percibí, con tristeza, el sentimiento de inferioridad con respecto al “hombre blanco”. A modo de anécdota, os transcribo algunos de esos comentarios que, por su simplicidad, me daban qué pensar:

- ¿Cuántos empleados tienes? Allí, todos los negros trabajan como empleados en las casas, ¿no? Al contestarle que yo no tenía empleada, me miró con asombro e incredulidad: “¡Pero tú eres acunha!, ¡no puedes lavar tu ropa y planchar!

- Entonces, ¿de verdad que pueden casarse los negros en tu país?

La segunda palabra en la lista de más escuchadas fue CHUPA-CHUPA. Podéis averiguar el significado, ¿no? Efectivamente. Es el nombre de aquel popular caramelo con forma esférica que tiene un palito para agarrar mientras se saborea.

Pues sí, los chupa-chuses, para mi alegría y la de todos los niños de Mozambique también existen allí y están bien ricos, pero es bastante difícil conseguir uno cuando te falta hasta el pan. Por eso, los domingos de fiesta en el oratorio salesiano, les ofrecíamos un chupa-chupa y mis compañeros de voluntariado llevaban siempre algunos en los bolsillos, listos para arrancar una sonrisa a los niños. Así, éramos los acunha de los chupa-chupa. Nunca vieron los Reyes Magos niños tan felices de recibir caramelos.

Finalmente, la palabra prometida sobre la esperanza.

Como en otros idiomas, hay muchas formas de saludar en función de la hora del día en que te encuentres. Sin embargo, hay una que vale de comodín y que encierra mucho más que un saludo. Encierra un deseo de salud, de bienestar, de paz para el otro: SALAMA. Ésa fue la primera palabra que me enseñaron en macua. Mucho antes que chupa-chupa, antes incluso que acunha.

Salama. Así era como me recibían al llegar a cada nuevo sitio, lo que me decían cuando mi mirada se cruzaba con otra mirada o lo que escuchaba cuando alguien se acercaba en sentido contrario, obligándome así a levantar mi vista clavada en el suelo y mirar a aquella persona, PERSONA, que me deseaba paz.

Es curioso cómo usamos el lenguaje todos los días y, sin embargo, no nos paramos a pensar en todos los significados que encierran nuestras palabras. En mi caso, tuve que irme a otra tierra, acercarme a otra cultura y aprender otro idioma para volver a encontrarle sentido a muchas de las expresiones que utilizo diariamente. Desde que volví de Mozambique, cuando digo “Buenos días”, trato de llenarlo de sentido: recordando el “Salama” de los lugareños de Chiure.
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