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Padre Carlos Mugica: Un mártir latinoamericano de Cristo pobre.

Lic. Daniel E. Benadava. Psicólogo. -
El pasado 11 de mayo, del presente año, se conmemoraron 33 años de la muerte del Padre Carlos Mugica, quién fue asesinado por integrantes de la Asociación Anticomunista Argentina – Triple A -, que era un grupo de extrema derecha que luchaba militarmente para instalar, en la República Argentina, un régimen político – económico que, en el transcurso de su implementación a lo largo de la década del `70 del siglo pasado, traería aparejado decenas de miles de detenidos – desaparecidos y millones de excluidos sociales.
 
Claro está que, la muerte de este padre, no fue un accidente.  Algo molestaba, e inquietaba, en su andar a quienes, estando en las esferas en las que se tomaban las decisiones políticas y económicas de la República Argentina, no estaban dispuestos a permitir que un “ curita tercermundista ”, que anunciaba el Reino de Liberación y Salvación a sus hermanos, destruyera el poder que ellos habían construido sobre la base del hambre del hambre de la población.
 
Pero el Padre Mugica, lejos de volverse temeroso frente a los grupos políticos y económicos que buscaban acallarlo, continuó hasta el fin de sus días predicando el Evangelio ya que, para él, ser perseguido era un signo de que marchaba por el “ buen camino ” ya que, en última instancia, fue odiado y matado por proclamar la Buena Noticia del Reino de Paz y Amor que Cristo, pobre y humilde, hace tiempo había anunciado – cf. Mt. 24, 9 – 14 -.
 
En efecto, Mugica era conciente de que, si a Jesucristo lo habían llamado endemoniado, borracho y subversivo, nada de malo tenía que a todos los que sueñan, con la modificación de las estructuras  de opresión que imperan en nuestras comunidades, los llamen comunistas, revolucionarios y violentos.
 
Al fin y al cabo, él decía que a semejanza de Cristo que jamás suscitó la indiferencia de quienes lo rodeaban, los cristianos también tenían que ser “ signo de contradicción ”, es decir, debían suscitar el amor de quienes buscan el bien común, y el odio de aquellos que solo persiguen fines individualistas.  En efecto, sostenía el padre que si el cristiano no utiliza la Palabra del Señor como luz para construir sociedades fraternales, se torna “ insípido ”, su razón de ser pierde sentido – cf. Mt. 5, 13 – 16 -, y, por ende, contradice la fe en Dios que dice tener.
 
Y bien, si de algo no se lo puede acusar al Padre Carlos Mugica es de haber sido “ tibio ”, y de no haber seguido, hasta el final de sus días, con valentía e hidalguía, el ejemplo de vida que Cristo nos dejó.
 
Este profundo compromiso cristiano lo condujo, también, a realizar una opción política a favor de la construcción de un “ socialismo cristiano ”, en el que cesen las relaciones de dominación entre los hombres para que, en cambio, existan vínculos de amor, fraternidad y solidaridad entre las personas;  y, en donde se propicie una forma de vida mejor adaptada a nuestro tiempo y mas conforme al espíritu del Evangelio.
 
De esta manera, creía él – junto con los Obispos del Tercer Mundo – que adhiriendo al sistema socialista, que entendía era el menos alejado de la moral cristiana, se podría evitar que muchos confundieran a Dios y a la religión con los opresores del mundo de los pobres y de los trabajadores que, desde su perspectiva, eran el feudalismo, el imperialismo y el capitalismo.
 
Así mismo, y en relación a la construcción de sociedades mas fraternales, justas e igualitarias, entendía Múgica que en el cristianismo lo mas revolucionario era lo mas tradicional ya que, después de casi 2000 años de la venida de Jesús a la tierra, creía el que habría que volver a asumir los valores de las primeras comunidades cristianas en donde los seguidores de Cristo no tenían sino un solo corazón y una sola alma;  nadie llamaba suyo a sus bienes, sino que todo era en común entre todos;  y no había necesitados, ya que todos los que poseían casas o campos los vendían y el importe de la venta se repartía a cada uno según su necesidad – cf. Hch. 4, 32 – 35 -.
 
Evidentemente el Padre Carlos Mugica no era el único que, por aquél entonces, sostenía que había que realizar cambios radicales en las estructuras de nuestras comunidades.  Ahora bien, dentro de este gran colectivo de personas que deseaban modificar la realidad, muchos creían que una revolución armada era la mejor alternativa para alcanzar tal fin.  En relación a este tema, era el mismo padre quién planteaba que había que ser un desnaturalizado para estar a favor de la violencia si la opción fuera violencia – no violencia.  Pero el problema es que uno, planteaba Mugica, ya no puede quedarse pasivamente tranquilo, sin comprometerse en la denuncia activa o en lucha armada, ante la situación de terrible violencia institucionalizada, porque si lo hace, es un asesino de su pueblo que esta muriendo de hambre.
 
De ahí que el Padre Carlos Mugica puede ser considerado un “ artesano de la paz ” ya que comprendió que, en sociedades en donde existen numerosos atropellos contra los derechos humanos que constituyen verdaderos actos de violencia contra los mas necesitados, la paz no es algo estático que solamente conlleva la ausencia de violencias y de derramamientos de sangre, sino que, por el contrario, implica lucha, inventiva y construcción permanente de nuevas comunidades en las que ya no existan las actuales desigualdades sociales - cf. Medellín, Paz, 14 -.
 
Ahora bien, el Padre Mugica era conciente de que, sosteniendo estas ideas, era posible que lo mataran, pero nada de esto le importaba o detenía en su caminar ya que, como él mismo lo planteaba, en la medida en que un hombre de la Iglesia viva unido a Cristo, y por ende lo tome a El como ejemplo de vida “ abrazando la Palabra con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones ” – 1 Ts. 1, 6 -, más dispuesto estará como Jesús a dar la vida por el pueblo.
 
Por estas razones puede decirse que el Padre Carlos Mugica fue un mártir de Cristo ya que, con su vida y predicación, que fueron verdaderos ejemplos de gracia, fe, libertad y paz, evangelizó a los mas humildes recorriendo el sendero de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación propia hasta la muerte, convirtiéndose así en semilla de luz y esperanza para millones de desheredados – cf. Ad gentes divinitus, 5 -.
 
En nuestros días, en los que muchas de las “ calamidades ” por las que atravesaba la humanidad allá por la década del ´70 del siglo pasado, no solo no han disminuido sino que, en no pocas ocasiones, han aumentado en forma desgarradora, si queremos ser fieles al Mensaje evangélico de Salvación, la vida y dignidad cristiana del Padre Carlos Múgica, como la de tantos otros mártires de Cristo, han de convertirse en estrellas de luz y libertad que iluminen nuestro andar hacia la construcción de un mundo de Paz, Justicia y Amor.
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