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Nuestra Señora de la Esperanza. 18 de diciembre, III Viernes de Adviento

Ángel Moreno -

18 de diciembre, III Viernes de Adviento

(Jer 23, 5-8; Sal 71; Mt 1,18-24)

Nuestra Señora de la Esperanza

Hoy es la fiesta mariana principal en el calendario mozárabe, aunque en el calendario romano no se menciona. Sin embargo muchas mujeres celebran hoy su onomástico, y se venera de manera especial la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza.

El Evangelio hace referencia al momento en que la Virgen está en expectación de dar a luz: “María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”.

La esperanza no se alimenta, ni se sostiene por un optimismo psicológico.
La esperanza no consiste en confiar que se realice lo de se desea.
La esperanza no es una alternativa como variante de otras actitudes posibles.
La esperanza no se produce como fruto del esfuerzo, o de proyectos bien hechos.
La esperanza no es jugar con la suerte, con el cálculo de posibilidades.
La esperanza no es una proyección del deseo.
La esperanza no es el talismán o el conjuro que se invoca para provocar el deseo.
La esperanza es virtud teologal, gracia, que se aposenta en el corazón del creyente, por saberse amado de Dios
La esperanza se funda en la Palabra comprometida de Dios, de enviarnos un Salvador.
La esperanza se alimenta del testimonio de quienes han confiado en Dios y no han quedado defraudados
La esperanza es la relación creyente de quienes saben interpretar que todo sucede para bien.
La esperanza, sobre todo en momentos de dificultad, sabe acallar las voces de la angustia, y aguarda en silencio la acción providente de Dios.
La esperanza es fruto bendecido de quienes confían en Dios, que se ha manifestado misericordioso.
La esperanza es el distintivo de quienes creen que la realidad presente es pasajera y tienen la certeza de una vida futura mejor.

Espera en el Señor, sé valiente, espera en el Señor, que volverás a bendecirlo.
Los que confían en el Señor son como el monte Sión, no tiemblan, están seguros.
Los que esperan en el Señor verán la salvación de Dios.
Esperar es mantenerse en pie, vigilantes, con aceite en la lámpara, aguardando la llegada del Señor.
Benditos los que ponen en Dios su confianza, son como árboles plantados junto a la corriente, que no temen la sequía ni el estío, y siempre permanecen frondosos y con frutos.

La esperanza va de la mano de la fe, porque se fía de Dios, de su Palabra, y es fuerza para saber valorar las relaciones humanas y el uso de los bienes.
La esperanza es el anticipo de la visión divina.

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