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Niños-soldado, tan a la vista e invisibles

Por Ramón Arozarena. Nakupenda África. Adital -
Médicos Sin Fronteras (MSF) de la mano de Javier Bardem, ha producido un largo documental, "INVISIBLES", que en cinco capítulos, dirigidos por otros tantos directores, trata de que "se vean" cinco historias olvidadas, una de ellas sobre los niños-soldado. Ha sido presentado en Berlinade en febrero y próximamente aparecerá en nuestras pantallas.

No he encontrado respuesta razonable a la pregunta de por qué algunas realidades, a veces incluso menores, se nos muestran y se hacen visibles inmediatamente y otras, crueles e inhumanas, permanecen en una larga invisibilidad, para ser rescatadas del silencio, que mata, por medio de acciones cívicas e humanitarias. En más de una ocasión me he sentido obligado a contestar que "porque los negros son invisibles".

Los niños-soldado comienzan a "existir" porque "se nos aparecen". Su existencia era, sin embargo, bien real y conocida. Nunca fue un secreto que Yoweri Museveni, Presidente de Uganda desde 1986 y hombre de confianza de EEUU y Gran Bretaña en los Grandes Lagos, reclutó en los años 80 a centenares de niños y adolescentes para integrarlos en su guerrilla y conquistar el poder (Léase "Mi vida de niña soldado - Me quitaron a mi madre y me dieron un fusil -"de China KEITETSI, Ed. Maeva, 2005).Ahora, son los opositores a Museveni quienes lo hacen. Cuanto acontecía en Liberia y Sierra Leona, en estos últimos 15 años, en torno al control de la extracción de diamantes y la utilización de niños-soldado por señores de la guerra en connivencia con sociedades transnacionales, tampoco era un secreto. (Léase la novela de Ahmadou Kourouma, "Alá no está obligado", Ed. Muchnik, 2001). Nadie movió un dedo. Laurent Kabila llegó en mayo de 1997 a Kinshasa rodeado de los famosos "kadogo" (niños armados); se aplaudió el derrocamiento del Mobutu y el reclutamiento de niños se presentó casi como una anécdota curiosa y folclórica. La mayoría de los congoleños rebeldes, financiados por Uganda y Rwanda, que desde 1998 han devastado la RDC, han integrado en sus bandas a miles de niños y niñas (éstas, además de soldados como esclavas sexuales). Los testimonios son sobrecogedores. Nada de esto podía ser desconocido, pero las denuncias de organismos y personas que trabajaban sobre el terreno tenían un pálido reflejo en los medios y ninguna influencia en las decisiones de los gobiernos. Bien es cierto que en marzo de 2006, fue detenido en Kinshasa y trasladado a la Haya Thomas Lubanga, acusado de reclutar para sus milicias en Ituri a menores de 15 años; ya se ha designado el tribunal que lo juzgará.

En el mes de febrero pasado, UNICEF y el gobierno francés organizaron en París la conferencia "Liberemos a los niños de la guerra" con el objetivo de luchar contra su reclutamiento y de favorecer su liberación e reinserción en la vida civil. Nunca es  tarde para combatir este crimen contra la humanidad, pero habrá que reconocer que es demasiado tarde para miles de niños y niñas africanos que han desaparecido para siempre, actores y víctimas de crueldades sin nombre. Por otro lado, el futuro de otros muchos miles, sobrevivientes, es cuando menos problemático, porque, como afirmaba pesimistamente el ministro de Exteriores francés,  "un niño de la guerra está también perdido para la paz", para añadir que "la plaga de los niños-soldado representa una bomba de relojería que amenaza la estabilidad y el crecimiento de África".

Liberia y la República Democrática del Congo son dos países africanos en pleno proceso de reconstrucción física y moral. Los dos han conocido la peste de los niños-soldados y  tratan ahora de afrontar el futuro de unos jóvenes que han sido forzados a cometer atrocidades: "He matado a bastante gente con mi kalashnikof; es muy fácil, aprietas el gatillo y … ratatata", declara un ex. "Tratamos de llevarles de vuelta a los reintegren colegios, de darles habilidades para que se conviertan en ciudadanos útiles, que se en sus comunidades y reencuentren sus vidas", afirmaba días pasados en Madrid  Ellen Johnson-Sirleaf, Presidenta de Liberia. En RDCongo, todavía hay focos de rebeldes que siguen reclutando niños. Existe un programa de desmovilización. "Hemos hecho un gran trabajo, pero queda todavía mucho por hacer; los grupos rebeldes, como el del pro-ruandés Nkunda, utiliza a niños en sus operaciones militares", ha declarado el general Pierre Joana, de la Misión de la ONU para el Congo. Numerosos ex-niños-soldado, reclutados a la fuerza cuando tenían menos de 15 años, se han convertido en oficiales de las Fuerzas Armadas Congoleñas (FARDC); tarea difícil será la de convertirlos también en defensores del Estado de derecho. Algunos han regresado a sus familias; otros  reciben cursos de formación  en centros financiados por UNICEF. La situación de las niñas-soldado es especialmente dolorosa. Fueron secuestradas por los grupos armados y consideradas como propiedad sexual de los combatientes y oficiales adultos y forzadas a casarse con alguno de ellos; éstos no se sienten obligados a liberarlas para que puedan acogerse al programa de desmovilización y reinserción. La señora Tawanda Hondora, de Amnistía Internacional África, ha denunciado que "en algunas regiones hay menos de 2% de chicas entre los niños a los que se aplica el programa, cuando representan alrededor del 40% de los utilizados por los grupos armados", para concluir que "en tanto el gobierno y la comunidad internacional no respondan a las necesidades de los niños desmovilizados, éstos corren el peligro de ser de nuevo rápidamente reclutados por grupos armados o de ser arrojados a una vida de soledad y de pobreza".
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