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Niños de la calle en Filipinas

Ciudad Redonda -

TVE "PUEBLO DE DIOS" LOS INVISIBLES DE LAS CALLES

PUEBLO DE DIOS ha cruzado medio mundo hasta llegar a Filipinas para poner nuestra mirada sobre una realidad social cada vez más preocupante: la de los miles de niños que viven en la calle. Se calcula que cerca de 2.000 niños viven en la calle en Zamboanga, en el suroeste de la isla de Mindanao..

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Sólo los misioneros se preocupan de la situación de estos chavales

Entre las pocas iniciativas que hay en la ciudad para atender a los niños de calle, se encuentra el centro Akái Kalinga. Se trata de un hogar para niños abandonados o con padres que no pueden hacerse cargo de ellos. Una treintena de niños y adolescentes viven en un edificio recién construido gracias, entre otros, a la solidaridad española. Manos Unidas, la ong de la Iglesia en nuestro país, (y Fundación PROCLADE) ha aportado fondos para esta obra social.

Detrás de todo este trabajo está el misionero español Ángel Calvo, un claretiano que llegó hace más de treinta años a Filipinas y que, desde entonces, ha unido su destino con el de los más pobres de este lugar. Ángel promovió la creación de la ong “Katilíngban” para luchar contra la pobreza a través del desarrollo de nuevas comunidades. Y de ahí, surgió la inquietud por los niños de la calle.

Violencia contra los niños

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El equipo de PUEBLO DE DIOS durante el rodaje

La mayoría de los niños han sufrido abusos del padre o de la madre -nos cuenta Loida-. Tanto abusos sexuales como la violencia de verse envueltos en asuntos de drogas, crímenes o prostitución. Otros se vieron forzados a trabajar para ayudar a la economía familiar. Son los dos tipos de niños que recogemos de las calles. Recuerdo una historia que no se me olvidará jamás: la de una niña a la que su madre encadenó. Ellas vivían en el mercado y para que no escapara y pudiese cuidar de sus hermanos pequeños, la había atado con una cadena a un poste. Cuando conocimos el caso fuimos a ver a la madre, tuvimos que enfrentarnos a ella, la denunciamos y, por fin, rescatamos a la chica.

Con el misionero y los yaguíd debajo del puente

Debajo del puente de San Ignacio, sobre el que pasan cada día miles de vehículos y viandantes, hay otra vida oculta por las grandes vigas que sostienen la pasarela. Un grupo de entre 15 y 20 jóvenes han hecho de los bajos del puente su refugio. A falta de otro sitio, aquí pasan las noches y con el agua del arroyo se asean y lavan sus ropas. Aquí están los invisibles, los que nacieron con la suerte de espaldas y los acunó la pobreza. Chavales que no han conocido más familia que sus compañeros, ni más hogar que las calles y los puentes de la ciudad.

Estos chicos son los que aquí llaman los “yaguíd”, los verdaderos habitantes de la calle. Sobreviven cuidando coches, acarreando fardos en el mercado, pidiendo limosna, haciendo pequeños robos, alimentándose con el pegamento que esnifan... ahora entendemos cuando Ángel nos cuenta que, para él, el Reino de Dios se condensa en la experiencia de un niño rescatado de la calle.

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