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Navidad en Roma

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(JPG) La Navidad en Roma tiene características peculiares, respecto de otras ciudades. Por una parte, los turistas y peregrinos suelen quedar un poco decepcionados cuando ven que son pocas las calles iluminadas al estilo de otras grandes capitales (Madrid, París, Nueva York...); por otra, aquí hay elementos que se encuentran más frecuentemente (creo) que en aquellas ciudades.

Evidentemente, el elemento más específico es la Misa de Nochebuena presidida por el Papa en la Basílica de San Pedro y el discurso y bendición “Urbi et Orbi” el día 25 al mediodía, en el cual nuestro Obispo envía su mensaje navideño a la ciudad (urbi) y al mundo (orbi), y saluda en decenas de lenguas.

Otro elemento característico son los Pesebres o Belenes que se pueden admirar en diferentes lugares públicos de la ciudad: Plaza de España, Plaza Navona, Estación Central (“Termini”), en algunos rincones de plazas o calles..., y en muchísimas familias. Es conocido el más monumental de todos que es el Belén y árbol que desde hace años campea durante estos días en la Plaza de San Pedro. Se han querido unir los dos símbolos más populares: el Belén, “invento” italiano-franciscano, y el árbol de procedencia nórdica, tal vez de origen pagano, pero que adquiere también un significado cristiano en Jesús, el “árbol verde”, como dijo Él hablando de sí mismo camino del Calvario (Lc 23,31). Es típico el hecho de que centenares de niños el domingo anterior a las Fiestas lleven su estatuita del Niño Jesús -que luego depositarán en el Pesebre de casa- a la Plaza de San Pedro para que el Papa lo bendiga durante el rezo del Angelus.

En cuanto al modo cómo la gente vive estos días, basta recordar un proverbio que reza: “Natale con i tuoi, Pasqua con chi vuoi”, es decir, Navidad con los tuyos, Pascua con quien quieras. Ya esto nos dice que es una fiesta muy sentida a nivel familiar. Se va a casa de los abuelos o de los papás, se come juntos por grandes familias, sin prisa y abundantemente, y luego se pasa la tarde jugando a la lotería o a cartas, charlando, viendo la tele... Lo importante es estar juntos los de la familia. Es también un momento para repartir los regalos que se hacen mutuamente. Al revés de lo que suele suceder con las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa, mucha gente participa en la Misa de Nochebuena o del día siguiente, incluso no pocos que normalmente no acostumbran a frecuentar la Iglesia. Los días anteriores la gente se saluda por las calles, en las tiendas..., incluso entre personas que tal vez se conocen poco o nada; es uno de los testimonios de la típica comunicatividad italiana. Y se oye resonar por calles e iglesias el famoso villancico compuesto por san Alfonso de Ligorio: “Tu scendi dalle stelle...”: Tú bajas de las estrellas...

Y, dado que el hombre no es solamente espíritu, un elemento fundamental de estas fiestas es la comida, con requisitos que no pueden absolutamente faltar: lentejas y pescado en la cena de Nochebuena (recuerdo de cuando se ayunaba y se hacía abstinencia...); “tortellini al brodo”, pata de cerdo, anguila o pavo, turrón (si bien no hay mucha variedad, sobre todo si lo comparamos por ejemplo con España)..., y sobre todo el dulce típico por excelencia: el “panettone” o el “pandoro” y el “spumante” (champaña). El “panettone” es una especie de bollo gigante (suele ser más o menos de un kilo, pero yo he visto hasta de cinco kilos...), con pasas, pedazos de fruta condensada, y hoy día a veces también chocolate, crema, mermeladas, helado..., dentro. El “pandoro”, en cambio, es simplemente un grande bollo recubierto con polvo de azúcar por encima. En fin, por unos días la gente tiende a olvidarse de la línea, el azúcar en la sangre, el colesterol, los consejos del médico, la presión y las pastillas...: ya habrá tiempo de sobras luego para ponerse en regla durante la “cuesta de Enero”...!

Bueno, pues: ¡Que lo pasen Ustedes bien! Posiblemente, sin olvidarnos de quien va a estar peor o simplemente mal... Y no lo digo para aguar la fiesta de nadie, sino para no perder de vista que vivimos en este mundo y que los otros “todavía” existen...

Buon Natale! J. Rovira, cmf.

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