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Militia Dei

Alejandro José Carbajo Olea, cmf -

    Hace poco he ido a misa. Normal, siendo cura, que vayas a misa, podrán decir algunos. Es verdad. Lo que quiero contar hoy es que, después de la misa, me encontré con un grupo de gente normal. Son chicos y no tan chicos, mujeres, hombres, jóvenes y no tan jóvenes. Gente que trabaja, que estudia, y que los jueves, al acabar la jornada, van a un local que tienen en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en San Petersburgo, y rezan.

    Quedan a las 20.00 horas. Primero toman un “tecito” (o en su defecto, un “cafecito”), con alguna pasta. Que los trayectos en la Venecia del Norte son largos, y a veces, cuando el frío aprieta, se agradece algo caliente, para recuperar el tono vital. Después de los saludos protocolarios, a las 20.30, encienden las velas, apagan las luces, y comienza la oración. A la misma hora, en Nizhny Nóvgorod y en Velikiy Luga, otros “coleguitas” empiezan a rezar también. Se crea una cadena de oración que, cuando lo dijeron en voz alta, hizo que se me pusiera la carne de gallina.

    Al comenzar la oración, cada uno presenta sus intenciones para esa tarde. Me llamó la atención la cantidad de nombres propios que salieron. Muchos familiares, mucha gente que reza por sus padres, por amigos, por gente que no cree y sufre… Oración sin abstracciones, vaya. Y lo mejor, el que no quiere hablar, no habla. Y nadie le mira raro, porque no dice nada. Se respeta la voluntad de cada uno.

    Después se proclama por el sacerdote invitado el Evangelio del domingo. Un momento de silencio, y alguna orientación para la reflexión. No llega a homilía, porque es breve, pero prepara para vivir mejor el domingo la Misa. Atención y acogida, por parte de los orantes.

    A continuación, se rezan algunos salmos, que van desde la contricción y el arrepentimiento a la confianza en Dios y en su providencia. Algunas preces, y la bendición final. Con las invocaciones a muchos santos, que han dado su vida por la ortodoxia de la fe y por el Evangelio. Se te pasa el tiempo sin darte cuenta. Quedan atrás, cuando sales del local, muchos nombres, muchas preocupaciones, mucho apoyarse en Dios. Se recargan las pilas, y se siente que no estamos solos, que sabemos lo que queremos, y de Quién lo podemos recibir. Y cómo.

¿Por qué me gusta la gente de la Militia Dei?

  • Porque se mojan, porque dan testimonio de su fe donde viven, donde trabajan, donde estudian. Porque se preparan para ello.
  • Porque algunos viajan por Rusia, hablando de la fe y luchando contra las sectas, que proliferan también por estos pagos.
  • Porque no les gusta todo lo que ven en la Iglesia, pero siguen dentro, colaborando y luchando porque las cosas sean mejor.
  • Porque son héroes anónimos, que cada día dejan un poco de amor y de luz en los oscuros días del invierno peterburgués.

    No siempre que me llaman puedo ir, la agenda a veces está llena, pero si tengo la posibilidad de hacerles un hueco, se lo hago. Son gente que merece la pena. Sencillos, nada “creídos”, y que no se avergüenzan de hablar de Dios. Ojalá todos pudieramos ser igual.

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Comentarios

Lucy Gonsalez Lucy Gonsalez
el 6/1/10
Gracias a Dios por concederme conocer este buen ejemplo.
Me ayuda a renovar mi esperanza en Dios y en mis hermanos, los laicos.
Voy a proponerlo a mi familia como modelo de oración, la que tanto necesitamos.
Gracias
Lucy
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