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Milagros del amor

Alejandro José Carbajo, C.M.F. -
Desde hace un par de meses, los martes por la tarde salgo corriendo después de comer. A las 15.30 tengo una reunión con un grupito de gente muy especial. Lo mejor de cada casa, podemos decir. Unas veintitantas personas, ellos y ellas, que viven en casa de las Hermanas de Teresa de Calcuta. O sea, “homeless”, pobres que no tienen casa, y se han visto acogidos por las Misioneras de la Caridad.
Para entrar, hay que pasar unas pruebas. A la puerta de las Hermanas llegan verdaderos deshechos humanos. Sobre todo, alcohólicos y drogadictos. Y las Hermanas, con 20º sobre cero o 15º bajo cero, siempre dicen lo mismo: «Tienes que librarte de tu dependencia. Así que ven varios días, sobrio, y vete a las reuniones de AA.AA (Alcohólicos Anónimos). Nosotras te damos de comer tres veces al día, y, cuando estés “limpio”, te damos cama.» En eso son estrictas. Borracho, duermes en la calle. El p. José Mª Vegas y yo lo hemos visto, hace algún invierno. Dos “payos-rangers”, muertos de frío, a la puerta de la casa, por haber llegado bebidos. De otra manera, la casa sería ingobernable.
 
El caso es que hace un par de meses, la Superiora (muy buena gente), me dijo que el padre que visitaba a los residentes una vez a la semana se había ido a Vladivostok (a 6.000 kms. de San Petersburgo, un poco lejos para ir y venir en el día…), y que al “suplente” le habían elegido Provincial de su Congregación, y no tenía tiempo… Me lloró un poco, tampoco mucho, porque le dije que sí enseguida. Esta gente se merece nuestro apoyo. Siempre.
 
Con más miedo que vergüenza, me presenté en su casa el primer martes. Tenía en mente hablar de los 10 Mandamientos, y empecé por el principio, o sea, por Adán y Eva. Es decir, desde la creación del hombre, a imagen y semejanza de Dios. Con lo que eso significa, vamos, que todos somos imagen de Dios, con nuestra propia dignidad. Seguí luego con Abrahán y su salida de la tierra donde vivía. Cómo Dios estuvo con él todo el tiempo, y cómo después siguió al lado de Moisés, hasta completar el pacto con el pueblo elegido. La hora se pasó en un soplo. Pero lo que más me impresionó fue la atención con que escuchaban. Y las preguntas que daban. Tenía la sensación de que absorbían lo que les decía. Me escuchaban con más interés que los seminaristas, algunas veces.
 
He vuelto varias veces, y siempre me esperan y me acogen. Quiero creer que no sólo porque las Hermanas les obligan. Ahora, aunque siempre tengo un tema preparado, por si acaso, me dedico sobre todo a responder a sus preguntas. Y son de todo tipo, desde el motivo de que en la Biblia no se mencione ni una sola vez a Rusia (lo que me dio pie para hablar de cómo se formó el canon y de Trento y de algunas cosas más, incluidos los apócrifos, que también me preguntaron) hasta cómo será la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Cada día, preguntas nuevas, de lo más variadas. Cosas que les llegan, que les preocupan, a las que nadie les ha dado respuesta.
 
Decía al principio que son lo mejor de cada casa. Un condenado por asesinato, varios ex drogadictos, muchos ex alcohólicos, gente que tenía una casa y una familia y lo perdió todo por la dependencia. Llegan muy mal a casa de las Hermanas, y éstas les ayudan a ponerse en pie, a mirar al futuro con esperanza, y a salir de allí por su propio pie. Algunos han recibido el Bautismo, o la Confirmación. Bastantes han encontrado trabajo. Alguna familia se ha reconciliado. Pero, sobre todo, se sienten personas, tienen un techo sobre la cabeza, comida tres veces al día y ropa limpia. Gente con la que hablar, una palabra de ánimo, ayuda para arreglar los papeles (en todas partes es difícil, pero en Rusia, es de lo peor, y más si siempre has vivido en la calle).
 
Antes de conocerles, sabía, teóricamente, que se puede cambiar, que el amor, reflejo del Amor Absoluto, todo lo puede. Ahora digo que lo he visto en vivo y en directo. Gente que sólo pensaba en la droga y en la botella, ahora ayudan a fregar el suelo y bajan a los inválidos por las escaleras, a la silla de la reina. Hacen lo que pueden. Que es mucho. Han vuelto a ser personas, hijos de Dios, con su dignidad recobrada. Me decía la superiora que debería tener miedo, porque son gente “brava”, con historias de violencia, pero que no era así. Y es que el amor, todo lo puede.
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icono etiquetas etiquetas : amor, droga, hermanas,
icono comentarios 3 comentarios

Comentarios

Aurora Aurora
el 22/12/10
Gracias por compartir este hermoso testimonio sobre el poder del Amor Encarnado. Dios Es.
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Santiago Santiago
el 23/12/10
muy feliz Navidad!!!
gracias por compartir su amor
Que Jesús colme su corazón
... y lo cuide del frio...
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Adolfo Adolfo
el 27/12/10
Hermoso testimonio de Amor practicado con sabiduría y prudencia.
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