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Miércoles Santo (20 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

(Is 50, 4-9ª; Sal 68, Mt 26, 14-25)
TEXTO PARA MEDITAR

“El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí?? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?”

PASO DE PASIÓN: LA ORACIÓN

El secreto de la conducta de Jesús es la relación que mantiene con su Padre, la experiencia de amor entrañable, manifestado en lo alto del monte de la Transfiguración, y en el grito suplicante de Jesús en Getsemaní: “¡Abbá!” Sólo desde la certeza del acompañamiento divino cabe el atrevimiento de ir de la manera en que Jesús se acerca al momento de la “Hora” santa de entregar su vida por amor al ser humano.

El profeta describe magistralmente la experiencia interior que han tenido los mártires, todos los que han resistido la prueba. Si nos sobrecoge la fuerza y la valentía de quienes murieron por Cristo, ¡cuánto mayor fuerza sentiría el Hijo amado de Dios a la hora de entregarse en manos de su enemigos!

El oído interior, el oído del corazón, en el momento de la oración de intimidad con Dios, escucha el susurro más asombroso del que nace la confianza, y si no se diera de manera afectiva la experiencia consoladora, al menos se siente el valor para dar el paso del testigo que no se arredra ante la dificultad. Quien se fía de Dios no quedará defraudado. Jesús ha comprometido su palabra de sostener a quienes por Él se atrevan a confesar su nombre en medio de la dificultad: “No tengáis miedo”. La oración es fuente de confianza, mueve al abandono, anticipa la experiencia del abrazo divino, sin mengua de sufrimiento, pero con la ayuda del cielo.

ORACIÓN

“Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.”

PROPUESTA

Convertir la prueba en fuente de sabiduría: “Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.”

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