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Mi relación con una pareja

José Vico Peinado, cmf -
 Pero Rut respondió:
"No insistas en que te abandone y me

separe de ti, porque
donde tú vayas, yo iré,
donde habites, habitaré.
Tu pueblo será mi pueblo
y tu Dios será mi Dios.

Donde tú mueras moriré
y allí seré enterrada.
Que Yahveh me dé este mal
y añada este otro todavía
si no es tan sólo la muerte
lo que nos ha de separar." (Rut 1,16-17)

Mis queridos amigos:

Este texto del libro de Rut ya lo conocéis y os lo habéis aplicado muchas veces entre vosotros. Sin embargo, no es un texto matrimonial, sino un texto donde se refleja la amistad solidaria de dos mujeres, suegra y nuera. Por eso, me atrevo a aplicarlo yo también a nuestra relación.

Me he sentido tan vinculado a vosotros que he vivido una fuerte pertenencia. Tanta que, en cierto modo y dentro de mis limitaciones, he hecho mío el texto del libro de Rut: Donde vosotros vayáis, yo iré. Ahora, durante el tiempo de nuestro servicio comunitario, voy físicamente donde vosotros vais. Pero nuestra relación es ya mayor que nuestro servicio. Por eso, aunque llegue el momento en que no podamos estar juntos físicamente, estaremos presentes, porque nuestras vidas se han entrelazado. He llegado a quereros mucho.

Sin embargo, tengo que reconocer que no os quiero de balde. Ha sido tanto lo que he recibido de vosotros en el tiempo que llevamos juntos que me habéis cautivado con vuestra ternura, manifestada de tantas formas. Sois un regalo para mi. Con vosotros puedo ser yo mismo, porque cuento con vuestra incondicional amistad. Delante y en medio de vosotros me siento en mi hogar. Me siento muy querido, de tal forma que las faltas de valoración de mí mismo se transforman en la convicción de que soy valioso. Humanamente sois apoyo precioso para mi vida. Estar a vuestro lado me hace experimentar el cuidado que ejercéis sobre mí. Quizá por eso me siento agraciado y me esponjo en nuestro trato asiduo. La cercanía solícita que me brindáis es un tesoro para mí. No os puede extrañar que esté apegado a vosotros en medio de una gran libertad. Es que os pertenezco y soy vuestro.

Pero, además, sois un apoyo precioso en mi vida de relación con Dios y en mi vocación sacerdotal. Acercarme a vuestra intimidad sacramental, me manifiesta cómo me quiere Dios y cómo yo tengo que querer a la gente. Sois un estimulo para mi amor. A mi entrega y mi servicialidad respecto a la comunidad le crecen alas, estando a vuestro lado. Mi terquedad en amar, mi obstinación en desvivirme por la gente crecen, cuando estoy con vosotros y tengo ojos para ver y oídos para oír vuestra propia terquedad y obstinación. Encuentro en vosotros compañeros de ruta para transformar el mundo. Así que sois una fuerte razón para seguir viviendo como vivo.

Imagino lo que habrán disfrutado las parejas con el compartir de vuestra vida, que habéis tenido con ellas, dando testimonio de este estilo de vida específico con que vivís el matrimonio. Yo sé que ese compartir no es más que la punta del iceberg. Si esas parejas conocieran todo el amor que anidáis, quedarían completamente emborrachados, y no de vino, sino del Espíritu de Jesús.

No os canséis de entregar vuestra vida. No descanséis en vuestro empeño. Es bendición para mí y para nosotros. Os quiero con alma, corazón y vida.
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