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“Més lluny” (Más lejos)

Francisco Carín García -
\'\'No eran más de las nueve y media de la mañana cuando estaba saliendo de casa. Tras mes y medio de estancia en España por vacaciones regresaba a lo que poco a poco se ha convertido en mi hogar. Creo que se me puede catalogar como un emigrante, eso sí, un emigrante con suerte, pues no he buscado una nueva tierra para vivir debido a la necesidad, sino por vocación; además en este trasiego siempre he contado con el apoyo de mis hermanos de congregación y muchos amigos. Ya en Barajas hago breve recuerdo de todos aquellos con los que he compartido mis vacaciones: familia, claretianos, anónimos… tanto bueno por degustar, tanto bueno que queda si no atrás, sí, al menos, lejos. Embarcamos y en breve estamos deslizándonos por la pista a una velocidad de vértigo, y eso sabiendo que esta pista (como la vida) es corta y tiene fin. Ponemos nuestra confianza en Dios y en el piloto; esperemos que logre alzar este pájaro antes de llegar al final… pues sí, esta vez lo logró. Abajo queda Madrid y sus habitantes, incluidos algunos olvidados como los que dormían su embriaguez en tantas esquinas o los inquilinos del albergue “Puerta Abierta” de la Casa de Campo donde trabaja mi hermana. Abajo quedan los sonidos y rostros amados, los sueños de los otros, las risas y los llantos. En el avión las risotadas y la alegre cháchara de los turistas que se dirigen a Tailandia… cruzamos el Mediterráneo, ese “mar nuestro” cada día mas contaminado que un día fue vehículo de unión y hoy se nos presenta como la frontera entre Europa y África, Cristiandad e Islam, nosotros y ellos; desde el cielo solo descubro una inmensidad azul, bella, sin fronteras, abierta y sugerente, gentil y tentadora: “ Mare Nostrum ”, mar de todos. Ya se divisa la costa de Italia, Roma, ese lugar donde dicen que una vez visto se pierde la fe. Como una vez comente en una homilía, todo pasa, hasta el Vaticano, que algún día también se derrumbará por su propio peso: así es la gravedad y así es la historia humana; queremos eternidad pero solo logramos limitada permanencia. El hecho de ser misionero tan en el extrarradio me convence cada vez más de que a la Iglesia Católica no le vendría mal que un terremoto místico hiciera desaparecer el Vaticano y nos diera a todos la oportunidad de pensar en otros moldes, quizá no tan sublimes pero seguro que más ortodoxos. Y volvemos a despegar y atrás va quedando occidente…pasamos por encima de Atenas donde apenas hace un mes se jugaban la gloria (¿vana?) los atletas de todo el mundo; “citius, altius, fortius” más rápido, más alto, más fuerte, y yo, quizá porque aún me queda mucho viaje, añado “más lejos”. Y ya estamos sobre Turquía, pasamos por encima de los Kurdos, que añoran su Kurdistán, a la derecha desde mi ventana casi se puede vislumbrar Irak mientras cae la tarde. El cielo se torna naranja, violeta y rojo… y recuerdo el sufrimiento de tantos hombres y mujeres que 13.000 metros más abajo intenta vivir el día a día de una guerra que seguro no comprenden; a nosotros nos sirven la cena. Aquí arriba todo parece seguro y confortable (bueno casi, que viajamos en clase económica). Mientras las luces se apagan, intento conciliar un sueño que parece no llegar nunca. Nos echan (nunca mejor dicho) una película, como muchas insustancial. Miro por la ventana. De fondo se ven las estrellas, abajo las tenues luces de las pequeñas aldeas de Irán, Afganistán, Pakistán, India… la verdad es que por ningún sitio veo el “evil” que me intentan convencer existe por allí y sólo me pregunto por la “live” (evil al revés) de estos mis coterráneos. Y amanece. Y estamos llegando a Bangkok, donde todos nos bajaremos: unos porque han llegado a su destino y otros porque hemos de cambiar de avión. Tailandia; sexo, drogas y cada vez más “rock and roll”. Venimos de lugares lejanos a buscar placeres que dentro de nuestras fronteras estarían prohibidos… ¿qué hace un/a chico/a como tú en un sitio como éste? Tiernos cuerpos que para sobrevivir aceptan lo que de vuelta a casa predicaremos como inmoral y perverso, algo digno del séptimo infierno, mientras sorbemos limonada en el porche de nuestra casa. Quizá los pecados tengan limitaciones fronterizas, y de pecar en países ajenos, uno vuelve sin la culpa, porque el pecado carece de visado y se queda allí, en la frontera esperando un nuevo cuerpo que poseer. Ya cada vez queda menos. Volvemos a despegar y pasamos por Vietnam, Laos… lugares donde libertad suena a cuento. Para nosotros también es un cuento, pero nos lo creemos y vivimos felices pensando que lo somos, que podemos decidir, que nuestra voluntad se hace (igual que la de Dios), que cuentan con nuestra opinión, que se nos tiene en cuenta… No se quien esta viviendo un cuento más trágico y peligroso si ellos o nosotros. Y llegamos a Hong Kong; más que un viaje esto parece la montaña rusa. Desde el cielo asustan los rascacielos (colmenas) de viviendas de la gente sencilla, y asombran las islitas de la bahía con villas para la gente bien, con sus campos de Golf, sus barquitos… Ya me siento cerca de casa. Solo un saltito más y llegamos. De nuevo se eleva la bestia metálica y se divisa la costa de China, donde la mona capitalista se viste de seda comunista y ya no se distingue lo uno de lo otro… y mona se queda; “hacerse rico, nos recordaba Deng Xiao-ping, es bueno”… pero no dijo nada de si era bueno engañar para hacerse rico… y ya no hay quien pare esto. Cruzamos el estrecho de Taiwán y poco a poco nos acercamos a la costa. Las pequeñas casitas unifamiliares que rodean el aeropuerto y sus verdes campos me resultan ya conocidas. Por fin estoy en casa. Compro el periódico; seguimos igual que cuando me fui hace casi dos meses… no me he perdido nada interesante. Eso sí, en este tiempo ha habido varios tifones y otra vez (¿cuántas van ya desde que estoy aquí?) son muchos los que han perdido sus bienes debido a inundaciones y corrimientos de tierras; algunos han perdido la vida… es como el cuento de nunca acabar… como el de la libertad. “Más lejos, hay que ir más lejos” “Viatge a Itaca” Més lluny, heu d\'anar mes lluny des arbres caiguts que ara us empresonem, i quam els haureu guanyat tingueu ben present no aturar-vos. Més lluny, sempre aneu més lluny, més lluny de l\'avui que ara us encadena. I quam sereu deslluirats torneu a començar noves passes. Més lluny, sempre molt més lluny, més lluny del demá que ara ja s\'acosta. I quam creieu que arribeu, sapigueu trobar noves sendes. Lluís Llach, Viatge a Itaca (sobre un texto de Kawafis) TRADUCCIÓN DE \"VIATGE A ITACA\" Más lejos, hay que ir más lejos De los árboles caídos que ahora os atan, Y cuando los hayáis superados Tengáis mucho cuidado en no pararos. Más lejos, id cada vez más lejos, Más lejos del hoy que hoy os encadena. Y cuando os habréis liberados, Volved a empezar con nuevos pasos. Más lejos, siempre mucho más lejos, Más lejos del mañana que ya se acerca. Y cuando creáis haber llegado Que sepáis encontrar nuevos senderos.
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