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Mensaje de Cuaresma 2010

Ángel Moreno de Buenafuente -

“Vivir en forma eucarística”

Continuamos dentro del “Año Sacerdotal”, inaugurado por el Papa Benedicto XVI el pasado mes de junio, y que concluirá en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús de este año. Esta celebración “desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo”, pero desde una perspectiva eclesial más amplia, todos los bautizados, además de pedir especialmente por los que en la Iglesia han recibido el ministerio ordenado y porque no falten obreros en la mies del Señor, podemos reavivar el carisma recibido en nuestro bautismo, por el que hemos sido hechos sacerdotes, profetas y reyes.

(JPG) Una manera de vivificar nuestra identidad cristiana es viviendo “en forma eucarística”, es decir haciendo de la Eucaristía la fuente de nuestro modo de vivir diario.

Os ofrezco siete actitudes con las que cruzar esta Cuaresma en clave eucarística:

Reconciliados y reconciliadores: “Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda” (Mt 25, 23-24). La Cuaresma es tiempo propicio para celebrar la misericordia de Dios.

Alimentados en la mesa de la Palabra y peregrinos: “Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros proclamamos. Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 10,8-9). La Cuaresma es tiempo especial para leer las Sagradas Escrituras.

Orantes y abiertos a la universalidad: “Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo” (2 Mac 15,14). La oración, el ayuno y la limosna son recomendaciones cuaresmales.

Oferentes y expropiados en favor de todos: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan” (1 Cor 10, 16-17). El Misterio Pascual nos enseña el núcleo de nuestra fe, a la luz de la muerte y resurrección de Cristo.

Adoradores y agradecidos a Dios por el don de su Hijo: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Act 2, 42). A la manera de los primeros cristianos, como renovación bautismal.

En comunión íntima y eclesial con Cristo y con los hermanos: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos” (Act 4, 32). Es coherencia cristiana.

Anunciadores y misioneros del Evangelio: Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 19). Amén.

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