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Meditación para la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora

Angel Moreno -

Hoy celebramos entre el clamor de las generaciones y la solicitud de todas las iglesias, con la fe del pueblo fiel, que no podía sufrir la corrupción la que había dado a luz al Hijo de Dios, la que no conoció el pecado, la llena de gracia, la bendita entre todas la mujeres, la medianera de todas las gracias, la invocada por todas las naciones, la esperanza de todos los peregrinos, la estrella de la mañana, la vestida de sol, la esposa bellísima, asunta al cielo.

Hoy, la Iglesia, en la Liturgia de la palabra, nos ofrece un conjunto de figuras bíblicas a las que lee y contempla de manera profética en relación con María. El arca de la alianza, escoltada por querubines, revestida de oro; la procesión con ella entre música y bailes hasta la tienda preparada por el rey David, para entronizarla; el santuario, lugar donde reside la gloria y la presencia divinas; la mujer vestida de sol, coronada con doce estrellas y la luna por pedestal; la princesa bellísima, enjoyada como una novia; la morada del Señor, la ciudad de Dios, Sión. Todas estas figuras han sido referidas a María. Y en este día nos sirven de manera eminente para rendir homenaje a la Madre de Dios, a la Inmaculada, la Corredentora, la Madre de la Iglesia, a la Mujer eucarística, a la que fue subida a los cielos.

Ante esta eclosión de imágenes, se comprende el piropo que surge del corazón sencillo de otra mujer, ante el Hijo de María “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. María canta agradecida a su Señor, por el bien que le ha hecho. El himno popular entona el poema en honor de Santa María: “Los rosales en flor y los lirios del campo la rodean como en primavera. Coros celestes cantan y alaban a Nuestra Señora, que sube a los cielos”.

Esta fiesta y verdad de fe, no sólo es el triunfo de la Madre de Jesús. En ella se ve la Iglesia, en ella nos vemos los creyentes. El cuerpo incorruptible de María, asunta a los cielos, como fruto de la resurrección de Jesucristo, es nuestra esperanza. “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”. No estamos destinados a la muerte. “Cuando esto corruptible y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria».”

Se comprende el entusiasmo de la comunidad cristiana, la alegría que produce el vernos en María, y al mismo tiempo saber que ella nos precede e intercede por nosotros. Ella, como la mujer en el desierto, mientras dura la representación de este mundo, nos acompaña y protege, hasta ver con nuestros ojos el rostro del Señor, y compartir la gloria de los santos, la que alcanzó María, al estar con su Hijo Jesús en el cielo.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

yanibel yanibel
el 26/8/10
¿te siente deseperado ? dios te quiere dar ayuda solo tiene que pedirla pero pidela con fe. Pero no espere el ultimo momento.
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