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Meditación para el VIIIº Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Angel Moreno -

LA CONFIANZA EN DIOS

Cuando en el texto bíblico nos encontramos con una expresión o palabra reiterada, sabemos que no es por falta de recursos lingüísticos, sino que la misma repetición tiene significado y manifiesta un mensaje que se debe descubrir y es iluminador.
En el pasaje evangélico de este domingo, encontramos cuatro veces en labios de Jesús la llamada e invitación a una actitud de confianza. “No estéis agobiados por la vida”. “¿Por qué os agobiáis por el vestido?” No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, qué vais a beber”. “No os abobéis por el mañana”.

Si meditamos los consejos recibidos, podemos encontrar resonancias que responden exactamente a cada una de las propuestas y desvelan la coherencia de las palabras de Jesús, quien ha afirmado en otro momento: “Yo soy la vida”. “Yo soy el pan de vida”. “Yo soy el agua viva”. Y al pie de la cruz, nos dejará su túnica por el mejor vestido. Él “es el mismo, ayer, y hoy y siempre”, presente divino. La vida, el vestido, la comida, la bebida, el futuro quedan suficientemente asegurados por el mismo Cristo.
El salmista canta su experiencia de descanso, que le concede el Señor, a quien reconoce como “roca”, “salvación”, “esperanza”, “alcázar”, “refugio”. El profeta llega a afirmar algo inimaginable: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

Además de estas afirmaciones, que la Palabra nos asegura, tenemos el testimonio del Papa Juan XXIII, que ante el ministerio de Pedro por todas las iglesias, se decía a sí mismo: “Sólo por hoy”. El Papa Benedicto XVI, en el libro “Luz del mundo”, afirma: “El afán de un día es suficiente para el hombre, más no puede soportar”.

Contamos con el amor entrañable de Dios. La mente debe serenarse y no juzgar antes de tiempo. “Dejad que venga el Señor”, dice San Pablo, “Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios de su corazón”, que son siempre de paz y no de aflicción.

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