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Meditación para el sábado de ceniza

Angel Moreno -

 

(Is 58, 9b-14; Sal 85; Lc 5, 27-32)

TEXTO A MEDITAR

“Cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas”. 

REFLEXIÓN

Una constante en la Sagrada Escritura es que, cuando todo parece llamado a la ruina, se puede elegir dar de lo poco que se cree tener. Si cuando se extiende la esterilidad en el trabajo, aumenta la indigencia social, se cierne la prueba del dolor, en vez de hundirse en el desánimo y quedar justificado en la impotencia, se deciden gestos de ayuda, de salir de uno mismo y ofrecer las manos, sorprendentemente todo cambia y crece la alegría, la esperanza, y se atrae la solidaridad de otros.

Estamos en un tiempo en el que podemos quedar hipotecados en el lamento, por la crisis, y perecer en la impotencia ante lo dramático. Pero a su vez, estamos en las mejores circunstancias para apostar por la verdad del Evangelio, y atreverse a responder con sagacidad y generosidad, con lo poco que se cree tener, pero que la Providencia aumenta.

Se nos ofrece el ejemplo emblemático de la vocación de Mateo, quien dejando la mesa de los impuestos, la seguridad y la especulación por seguir la llamada al seguimiento que le hizo Jesús, vio llenarse su casa de luz y su corazón de amor.

ORACIÓN

“Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.”

PROPUESTA

Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: -«Sígueme.»

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

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