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Meditación para el domingo XXX del tiempo ordinario, 'B'

Angel Moreno -
“Al salir Jesús de Jericó”.

    La escena evangélica se sitúa en la ciudad más bella del desierto, en el oasis que produce toda clase de frutos. El palmeral, las higueras, las plataneras, los naranjos, granados y olivares… Se citan los sentidos del oído, la vista, el tacto, la voz, y como contraste, la presencia de un ciego, con nombre propio, “Bartimeo”, cada uno de nosotros.

    Es un texto fascinante. En él, en la experiencia de ceguera y despojo, se contiene la enseñanza del camino espiritual, la vía purgativa; la vía iluminativa, en el don de la vista; la vía unitiva, en la opción de ir detrás de Jesús.

    En el relato evangélico, leído en el contexto que forman las otras lecturas de este domingo, observamos:
  • Experiencia de exilio: La referencia del profeta Jeremías: “Yo os traeré del país del norte”. “Entre ellos hay ciegos”. La imagen del ciego “sentado”, “al borde del camino”, “pidiendo limosna”, revela marginalidad, pobreza y hasta posible tentación de desesperanza.
  • Actitud de escucha: El ciego está atento: “al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, ten piedad de mí»”. Condición necesaria para salir de la crisis, del hundimiento y no perder la relación posible con Dios.
  • Conciencia de llamada: “Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama”. “Llamadlo”. “Ánimo, levántate, que te llama”. El inicio de toda salvación se funda en la llamada de Dios, que tiene repercusiones físicas y espirituales.
  • Obediencia a la llamada: El ciego “dio un salto y se acercó a Jesús”. La rapidez y prontitud con la que reacciona, y sobre todo el gesto que señala san Marcos: “soltó el manto”, para decir que abandonaba su identidad anterior, son las claves de la respuesta adecuada.
  • Don y gracia: “¿Qué quieres que haga por ti?” La pregunta de Jesús es directa, concreta, sin evasión posible, comprometida, abierta. El ciego responde: “Maestro, que pueda ver”. Y el regalo sorprendente de ver, que los exegetas interpretan en sentido teologal como el don de la fe. “Anda, tu fe te ha curado”.
  • Seguimiento: La consecuencia de todo el proceso es ponerse en camino, ir detrás de Jesús, seguirlo de cerca. “Y lo seguía por el camino”. Además, se halla en un enclave inmediato a la Pasión de Jesús en Jerusalén.
  • Alegría: La consecuencia de todo el proceso no es otra que la alegría interior y exterior: “Gritad de alegría” (Jer 31, 7). “Al ir iban llorando, llevando la semilla, al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavilla” (Sal 125). Señal de cumplir la voluntad de Dios.
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