icono estrella Nº de votos: 0

Meditación para el domingo XXIX del tiempo ordinario, 'B'

Angel Moreno -
    De las lecturas que hoy nos propone la Liturgia, cabe contemplar la imagen de Cristo, que, una vez más, aparece como el Siervo entregado: “El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos” (Mc 10, 45), como había profetizado Isaías: “Mi siervo justificará a muchos” (Isa 53, 11). En este sentido se puede leer también el texto de la segunda lectura: “Tenemos un sumo sacerdote que ha sido probado en todo” (Hbr 4, 15).

    Si se descubren la relación entre los textos citados y la relevancia con la que la Iglesia desea mostrar la acción redentora de Cristo, también cabe observar la repercusión que la conducta de Jesús puede tener en quien la contempla, al sentirse atraído por el gesto supremo de su oblación.

    Sorprende, sin embargo, en el contexto del pasaje evangélico, el contraste entre lo que Jesús anuncia y lo que los discípulos piden y discuten. Aunque, a su vez, emerge la referencia al seguimiento, la llamada a ir detrás de Jesús. “El que quiera ser grande sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero sea esclavo de todos” (Mc 10, 44).

    Santiago y Juan declaran que están dispuestos a beber el cáliz del Señor. El cáliz, por la acción sacramental de Cristo en la última Cena, es el símbolo de la oblación total. Beber el mismo cáliz significa participar de la pasión salvadora, es el bautismo de sangre martirial. Esta vocación estremece. ¿Quién puede atreverse a beber el cáliz del Señor?

    En el discernimiento vocacional, para saber si es o no de Dios la llamada, a la hora de escoger un camino que se muestra costoso, en el que se vislumbran despojos y renuncias, opción semejante a beber del cáliz, se percibe una serena confianza por la fuerza que asiste y por los acontecimientos favorables que suceden o que van permitiendo el proyecto. “Lo que el Señor quiere prosperará por su mano” (Isa 53, 10). No se entiende que Dios llame a algo imposible,  Como dice san Pablo: “Quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo  Jesús” (Flp 1, 6).  

    Al mismo tiempo que se nos hace la invitación, se nos brinda un consejo: “Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente” (Hbr 4, 16). Con el nombre de “trono de gracia” se describe la imagen de la Santísima Trinidad que recibe la ofrenda de Cristo crucificado. En este icono trinitario se encuentran la donación del Hijo del hombre y la clave para llevar a término la llamada a seguirlo, por la gracia que se recibe de la ofrenda agradable y sacerdotal de Cristo en la cruz.

    Contemplemos a quien se ha dado enteramente por amor en favor nuestro, a Jesucristo, y nos arriesguemos a seguirlo. Él no engaña. “La palabra del Señor es sincera” (Sal 32).
Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.