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Meditacion desde Buenafuente para Tercer Lunes de Cuaresma (4/03/2013)

Angel Moreno -

Lectura

-«Señor, si el profeta te hubiera prescrito algo difícil, lo harías. Cuanto más si lo que te prescribe  para quedar limpio es simplemente que te bañes.»
Entonces Naamán bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta, y su  carne quedó limpia como la de un niño. (2Re 5, 13-14)

“Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra”. (Lc 4, 24)

Comentario

Con frecuencia nos hacemos refractarios al testimonio de los demás, de manera especial si su forma de vivir nos incomoda, nos da inseguridad, nos saca de nuestras costumbres, formas de pensar o atavismos religiosos.

¡Cuántas veces, por no estar abiertos al don de los otros, quedamos encerrados y hasta secuestrados por nosotros mismos, padeciendo nuestra pobreza, limitación y subjetivismo, cuando, si nos abriéramos a los demás, nos veríamos enriquecidos y complementados con los dones que poseen los otros!
Ante la reacción primaria de Naamán, por sentirse humillado, y el comportamiento de los paisanos de Nazaret con Jesús, se demuestra que la autosuficiencia es pretenciosa. El orgullo y el amor propio esterilizan. La prepotencia aísla. La falsa seguridad enquista.  Hasta cabe, como reacción, la respuesta defensiva, violenta, para justificar la instalación en las propias ideas o formas de vivir y actuar.

La Palabra nos advierte del posible error que cabe cometer por no reconocer el don de los otros, por desprestigiar internamente a los que se cree conocer, por presumir vanidosamente de superioridad.

En el relato de la curación del general sirio, no deja de ser significativo que sea por la mediación de sus criados, gracias a la insistencia de los servidores, que Naamán baje de su carroza, acepte lavarse en el pequeño río Jordán, como obediencia a la indicación del profeta, y así suceda la curación.

La humildad es la respiración de la virtud. Porque a veces no surge la virtud, la providencia permite la humillación, para que nazca el gesto mendicante y humilde, por el que nos abrimos a la gracia.

Puntos de reflexión

¿Cómo te sientes ante la enseñanza de las lecturas de hoy? ¿Percibes que tú también puedes reaccionar como los de Nazaret? ¿Has experimentado alguna vez el beneficio de la humildad?

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