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Meditacion desde Buenafuente para Quinto Lunes de Cuaresma (18/03/2013)

Angel Moreno -

LECTURA

“… la asamblea condenó a muerte a Susana.
Ella dijo gritando: -«Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí.»

El Señor la escuchó.

-«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras; tu, ¿que dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

-«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

COMENTARIO

¡Qué fácil es juzgar a los demás para justificar nuestros defectos y hasta nuestros pecados! Y ese juicio tiene el riesgo no solo de transgredir la ley de Dios, sino de hacer daño, en ocasiones irreparable, porque puede matar quizá no físicamente, pero sí el honor, la fama y la dignidad de una persona.

Nos escandalizamos con frecuencia de manera farisaica, porque mientras nos consentimos a nosotros mismos licencias para actuar de forma irregular, somos intolerantes cuando se descubre el defecto en los otros.

La Palabra de Dios no legitima el relativismo moral que ofrece nuestra cultura como solución para respetar la vida de los otros. Ni está a favor de encubrimientos corruptos para salvar el honor. Pero la revelación es contundente contra los que juzgan sin piedad a los demás, y contra los que maquinan daño contra los inocentes.

Hoy se demuestra que Dios sale fiador de los pobres, de los perseguidos o calumniados, y también tiene compasión de los pecadores. Es diferente actuar con misericordia, que mantener actitudes tolerantes y permisivas.

En la enseñanza que nos ofrece la Sagrada Escritura que se proclama en este día, encontramos una de las claves que el creyente posee en toda encrucijada: la oración de súplica, el grito de auxilio a Dios. Él no desoye los ruegos de los humildes, ni de los pequeños, los  indefensos o los pobres, ni es indiferente ante los malvados.

PUNTOS DE REFLEXIÓN

¿Acudes a la oración en momentos de apuro? ¿Eres más proclive al perdón que al juicio? ¿Te abstienes de juzgar a las personas, por evidente que aparezca su comportamiento errado? Ante los posibles escándalos, ¿condenas o rezas? ¿Te sirven como advertencia?

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