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Meditacion desde Buenafuente para Primer Miércoles de Cuaresma (20/02/2013)

Angel Moreno -

Lectura

“Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que habla amenazado a Nínive, y no la ejecutó” (Jonás 3, 9-10).

“Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás” (Lc 11, 31-32).

Comentario

Dos pueden ser los puntos de nuestra consideración. El primero, respecto a la primera lectura, si es posible que Dios, el inmutable, cambie de parecer y de actitud en la relación que desea mantener con su pueblo según la conducta que éste tenga. El segundo, por el Evangelio que se proclama, si ante el testimonio de la ciudad de Nínive, como señala Jesús, seremos duros de corazón o sentiremos sonrojo por nuestros pecados y nos convertiremos al Señor.

Dios mantiene su Palabra, no se retracta de lo que ha prometido, aun en daño propio; no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva. Estos principios demuestran la identidad de un Dios lento a la ira y rico en clemencia. ¿En qué consiste, entonces, la amenaza del profeta?

El modo de vida, que no se ajusta a la ley natural, destruye, y lo que el profeta proclama es el futuro que le espera a una comunidad que se pervierte. Jonás, enviado por Dios misericordioso, predica para que la ciudad no sucumba en su inmoralidad. Porque Dios no es indiferente, sino que desea el corazón quebrantado y humillado para que el ser humano experimente la alegría de la gracia.

Jesús apela al ejemplo de los ninivitas con el mismo deseo de conmover a sus contemporáneos para que se conviertan. Nosotros tenemos no solo la predicación de los profetas, sino el testimonio de Cristo, que ha sido capaz de morir para ofrecernos el perdón.

Pocos argumentos son más contundentes que el que Jesús revela a Nicodemo: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 16-17).

Punto de reflexión

¿Sientes la llamada a la conversión? ¿Cuál es el motivo que más te mueve a volver al Señor? ¿El miedo? ¿El amor? ¿El agradecimiento?

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