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Meditación desde Buenafuente para III Domingo del Tiempo Ordinario (26-enero-2013)

Angel Moreno -

Las fronteras

“En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles. (Is 9, 1)
Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. (1Co 1, 10)

“Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».” (Mt 4, 12-15).

Recepción de la Palabra

En Jesús se cumplen las profecías. San Mateo tiene especial interés en mostrar a la comunidad judía la coincidencia entre la identidad y la misión de Jesús y lo que habían anunciado desde antiguo las Sagradas Escrituras.

En los textos que nos propone la Liturgia para este domingo coinciden exactamente el pasaje de Isaías y el Evangelio. De esta concurrencia se deriva la comprensión de la misión universal del Mesías.

Jesús, al trasladarse de Nazaret a Cafarnaúm, lugar de comunicaciones, frontera del norte con los territorios de Tiro y de Sidón, y frontera del este con las ciudades de la Decápolis, opta por evangelizar a todos los pueblos.

Hemos cantado en Navidad el himno que el anciano Simeón entonó al tomar en sus brazos al Niño Jesús: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Hoy, la antífona canta: “El Señor es mi luz y mi salvación”. El camino que hemos emprendido no carece de guía, ni de horizonte. Avanzaremos quizá con dificultad por causa de acontecimientos adversos, pero de la mano de quien se ha presentado como Luz, cabe confiar siempre en que no nos perderemos.

Una de las mayores dificultades en el camino espiritual es la relación interpersonal, especialmente con los que se convive cada día. No podremos plantear nuestra identidad cristiana, abierta a la universalidad, si no tenemos paz y concordia con los de casa. San Pablo nos lo solicita: “Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir”.
Dos mensajes se desprenden de las lecturas de este domingo: El Evangelio es para todos, y hay que vivirlo con los más próximos. A veces somos muy compresivos con los de lejos, y duros con los de cerca; muy universales en las ideas, y muy atávicos en nuestros comportamientos.

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