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Meditación desde Buenafuente para el VIIº Domingo del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

La santidad

“Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 1).

“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Sal)

¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? (1Cor)

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”.

Recepción de la Palabra

De la contextualización de las distintas lecturas que nos ofrece hoy la Liturgia, podemos descubrir la esencia de la santidad, que no es un perfeccionismo, sino un donde la misericordia divina y una llamada a compasión.

¿Quién puede ponerse como proyecto la santidad de Dios? Parece algo pretencioso. Sin embargo, ha sido el Creador quien nos ha hecho a imagen de su Unigénito y Templos del Espíritu Santo.

La santidad es responder al don recibido, y por magnanimidad repercute en una actitud solidaria, a la manera de Dios, quien hace salir el sol para todos.

La respuesta adecuada se separa de la de quienes desean conquistar la santidad y de la de quienes se justifican en su debilidad, y creen que es imposible responder a la exigencia divina de forma perfecta.

El papa Francisco señala el riesgo de un nuevo pelagianismo, que se traduce en poner el afán en las obras más que en la experiencia de gracia, a la vez que de un nuevo gnosticismo, en quienes se evaden con argumentos espiritualistas de practicar las obras de caridad.

El ser humano, por el don de la fe, llega al conocimiento del amor de Dios. Desde esta conciencia se considera capaz, por gracia, de responder amorosamente a quien reconoce como único Señor, y a la vez manifestar ternura y cercanía con quienes más necesitan sentir la verdad del Dios misericordioso, lento a la ira y rico en bondad.

Jesucristo nos ha dejado la enseñanza de cómo responder al regalo recibido, con la donación total de sí. Los santos han sido contemplativos y misericordiosos y ha superado todo prejuicio.

No te justifiques en que no puedes ser santo. No pretendas conquistar a base de brazos la perfección. Camina bajo la mirada divina misericordiosa y se testigo ante los demás del amor de Dios.

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Comentarios

ROUSS69 ROUSS69
el 23/2/14
En la guía del Evangelio, compartido, en clave de Jesús de Nazaret, está la maduración activa del don de la fé. Cada vez más necesitamos comunidades de encuentro y acción y compromiso para poder vivir el reino entre nosotr@s, y llevarlo a los herman@s alejad@s. No resulta fácil vivir "a la intemperie". y con una pertenencia, a veces, conceptual y de doctrina. Pido al Espíritu que nos abra caminos de esperanza y encuentro, aún aquí, en esta iglesia diocesana de Madrid, que está tan compartimentada. Que el Señor me conceda la conversión, la humildad, la sabiduría para discernir junto a otr@s y la capacidad de ser sierva y discípula.
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eleazar eleazar
el 23/2/14
Ser perfectos es tan radical, no podemos, sólo puede serlo Dios, por eso hay que desarraigarse, para arraigarse a Dios, y entonces, si le dejamos hacer, dejaremos de lado la Ley, El le da cumplimiento.
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