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Meditación desde Buenafuente para el Miércoles de la 5ª Semana de Cuaresma - (28 - Marzo - 2012)

Angel Moreno -

PALABRA VIVA
“El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.”

MÁXIMA DE VIDA
“La verdad os hará libres”.

ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
La oración de súplica o la promesa caen a veces en una  instrumentalización, o en cierto chantaje con  los que intentamos poner a Dios de nuestra parte, como si Él no lo estuviera desde el mismo momento en que ha decidido nuestra existencia y ha enviado a su Hijo al mundo para salvarnos. Nuestra opción por Dios debiera ser en total confianza, como quien cree que más allá de lo que percibamos históricamente, Él nos ama.

TESTIMONIO
“No te preocupes por mis sentimientos.- No te preocupes ni siquiera, por mi dolor. Si mi separación de Ti – lleva a otros a Ti y en su amor y su compañía encuentras alegría y placer – entonces Jesús, estoy dispuesta con todo mi corazón a sufrir lo que sufro – no sólo ahora – sino por toda la eternidad – si esto fuera posible. Tu felicidad es lo único que quiero.” (Beata Teresa de Calcuta, Ven, sé  mi Luz. Las cartas privadas de la “Santa de Calcuta”)

ENSEÑANZA
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46) Gritando las palabras del Salmo, Jesús reza en el momento del último rechazo de los hombres, en el momento del abandono; reza, sin embargo, con el salmo, consciente de la presencia de Dios Padre también en esta hora en la que siente el drama humano de la muerte. Pero en nosotros surge una pregunta: ¿Cómo es posible que un Dios tan poderoso no intervenga para evitar esta prueba terrible a su Hijo? Es importante comprender que la oración de Jesús no es el grito de quien va al encuentro de la muerte con desesperación, y tampoco es el grito de quien es consciente de haber sido abandonado. Jesús, en aquel momento, hace suyo todo el Salmo 22, el Salmo del pueblo de Israel que sufre, y de este modo toma sobre sí no sólo la pena de su pueblo, sino también la pena de todos los hombres que sufren a causa de la opresión del mal; y, al mismo tiempo, lleva todo esto al corazón de Dios mismo con la certeza de que su grito será escuchado en la Resurrección” (Benedicto XVI, Audiencia, 8 de febrero, 2012).

ORACIÓN
“Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.”

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