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Meditación desde Buenafuente para el Martes de la 5ª Semana de Cuaresma - (27 - Marzo - 2012)

Angel Moreno -

PALABRA VIVA
-«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.»

MÁXIMA DE VIDA
“No os pido ahora que penséis en Él ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. (Santa Teresa, Camino de Perfección 26, 3).
Descendimiento, Catedral de Albacete

ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL

Hay situaciones que no se resuelven con argumentos especulativos, sino tan sólo con la certeza de sabernos mirados por el Señor. A su vez, si ponemos nuestros ojos fijos en quien nos precede y nos invita al seguimiento, el camino no se hace costoso, y la emulación, que suscita la ejemplaridad de Jesús, mueve a amar y a compartir su destino de cruz y de gloria.

TESTIMONIO
“Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propio puño. Los que quieren ser bien vistos en lo humano, ésos os fuerzan a circuncidaros, con el único fin de evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne. En cuanto a mí, ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo  es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo! (Gál 6, 11-14)

ENSEÑANZA
La cruz de Cristo no sólo muestra el silencio de Jesús como su última palabra al Padre, sino que revela también que Dios habla a través del silencio: «El silencio de Dios, la experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada. Colgado del leño de la cruz, se quejó del dolor causado por este silencio: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34; Mt 27, 46). Jesús, prosiguiendo hasta el último aliento de vida en la obediencia, invocó al Padre en la oscuridad de la muerte. En el momento de pasar a través de la muerte a la vida eterna, se confió a él: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)». (Verbum Domini  21) La experiencia de Jesús en la cruz es profundamente reveladora de la situación del hombre que ora y del culmen de la oración: después de haber escuchado y reconocido la Palabra de Dios, debemos considerar también el silencio de Dios, expresión importante de la misma Palabra divina.

ORACIÓN
Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame en seguida.
 

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