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Meditación desde Buenafuente para el Jueves Santo (5 - Abril - 2012)

Angel Moreno -

JUEVES SANTO
(Ex 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1 Co 11,  23-26; Jn 13, 1-15)


“… cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa,  proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.” Hoy Jesús te invita a la Cena Pascual. Hoy, si escuchas su voz dentro de ti, gustarás las delicias del amor divino: “¡Qué bueno es el pan que Tú nos das, regalo de tu amor Jesús!”

“El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo”. Este día marca la historia de la humanidad. Por el amor mayor que puede darse, el universo se recrea. El pan y el vino, en las manos de Jesús se transforman en su propio cuerpo y sangre, como oblación perfecta para el perdón de los pecados de todos los hombres.
Hasta nosotros ha llegado la noticia  del amor divino, por la que todo ser humano debe ser tratado fraternalmente, respetado como prójimo, amado como hijo de Dios, servido con ternura entrañable. Quienes siguen esta manera de relacionarse anticipan en la sociedad un mundo nuevo. Muy pronto después de la muerte del Señor los identificaron como seguidores de Cristo y los llamaron cristianos.

“Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” El distintivo de los discípulos de Jesús fue el amor mutuo, y en medio de una sociedad hostil y egoísta, llegaron a transformar la convivencia de los pueblos y las relaciones personales.

El amor mutuo nace de saberse amado. En la noche de la Cena, Jesús, puesto a los pies de sus discípulos, dejó el testimonio transformador y evangélico: “El que quiera ser primero, que sea el último”. “El que quiera ser señor, sea vuestro servidor”. “El que quiera ganar su vida, que la pierda”.

A pesar de los principios y ejemplo que nos dio Jesús en el cenáculo, nos advirtió de la fragilidad de la carne, de la debilidad de la naturaleza humana, del riesgo que corríamos de perecer en la noche, en la dificultad, ante la violencia. Encomendó a los suyos, como remedio, que estuvieran atentos y que oraran. “Velad y orad, para no caer en tentación”.

Día del amor fraterno, jornada de solidaridad con los que más sufren. Este año se nos propone la situación que padecen los cristianos de Siria. Día de reconciliación. Tarde de acercarnos a la mesa santa, “lavados los pies”, purificados. Noche de vigilia, de oración intensa, de amistad con Jesús.

La adoración nos concede la posibilidad de rendir homenaje a quien se anonadó hasta el extremo. Si Jesucristo no tuvo a menos hacerse uno de tantos, para compadecerse de nosotros, ¿cómo puede bloquearnos algún punto de honra e impedir que nos postremos, rendidos de gratitud, ante quien tendido en tierra nos demuestra tanto amor?

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Jackie Jackie
el 7/4/12
Linda meditation.
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