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Meditación desde Buenafuente para el Domingo XIX del Tiempo Ordinario (11 - Agosto -2013)

Angel Moreno -

LECTURAS

“La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres,  para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban”  (Sb).

“Nosotros aguardamos al Señor” (Sal).

“La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve” (Hbr).

“Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo” (Lc).

CONTEMPLACIÓN

Deja entrar en tu corazón la Palabra, no te resistas con argumentos escépticos, que distorsionan tu esperanza y te conducen a un callejón sin salida porque te cierran todas las puertas y te secuestran en las malas noticias.

Más allá del límite, que hasta es posible hayas tocado con tus manos, se eleva la promesa que asegura la fidelidad de Dios. Él no abandona a los que confían, no defrauda a los que se fían de su Palabra.

Los patriarcas dieron crédito a las promesas divinas y se asombraron ante su cumplimiento. Sólo hace falta que tengas fe y te mantengas en vela, como el criado que aguarda a su señor, como las vírgenes sensatas a la espera del esposo.

Sé que puedes tener razones que justifiquen tu actitud descreída porque te han sucedido suficientes accidentes en el camino que te han dejado bloqueado ante cualquier noticia positiva. No quiero hablarte de memoria, ni que pienses que no te comprendo, pero Abraham, Isaac y Jacob tuvieron motivos para obstinarse en un planteamiento presentista, sin futuro, y sin embargo, por dar fe a las promesas, fueron testigos de la acción divina providente.

No te pido que exultes de alegría, ni que el entusiasmo se apodere de ti; sólo te invito, apoyado en  los textos que hoy se proclaman, a que esperes y mantengas encendida la candela de la confianza. El Señor es fiel y cumple su palabra.

Nuestra esperanza no es que suceda lo que queremos, sino que nos visite el Señor en aquello que nos acontezca, y lo reconozcamos. No es imaginable que a quienes creen se les evite la prueba, pero la fe permite traspasar la contradicción y descubrir la presencia invisible de quien siendo el Señor, se pone a los pies. Cuando esto sucede, nos invade el estremecimiento.

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