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Meditación desde Buenafuente para el Domingo X del Tiempo Ordinario (9 - Junio -2013)

Angel Moreno -

Lectura

-«Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» 

El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: 

-«Mira, tu hijo está vivo.»  (1 Re 17)

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: 

-«No llores.» 

Se acercó al ataúd, lo toco (los que lo llevaban se pararon) y dijo: 

-«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» 

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.  (Lc 7)

Contemplación

Hoy se demuestra una vez más que es necesario leer las Sagradas Escrituras desde el Nuevo Testamento, clave para comprender cómo en Cristo se realizan todas las profecías. Él es el nuevo Moisés, el nuevo Josué, el nuevo Elías, el anunciado desde antiguo por los profetas.

La acción compasiva del profeta al  devolver la vida al hijo de la viuda que le había hospedado tiene un paralelo con el gesto de Jesús ante la viuda de Naín, a la devuelve vivo al hijo que llevaban a enterrar.

Hoy son muchos los ejemplos que nos acuden a la mente de jóvenes que mueren, de entrañas que sufren, de dolor por vidas segadas, por familias rotas, al quebrarse la esperanza ante el hijo único accidentado, emancipado, huido de los valores de sus padres… El ejemplo de San Pablo es fascinante:”Cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mi, para que yo lo anunciara a los gentiles…” Dicen las estadísticas que tres jóvenes de cada cuatro tienen interés por la vida espiritual.

¡Cómo nos fascina el mensaje que constantemente nos da el papa Francisco, cuando nos llegan imágenes de cercanía, ternura y compasión ante niños, enfermos, ancianos, ante el dolor del hombre, sea quien sea!

Hoy tenemos una llamada a la ternura, a revestirnos de entrañas de misericordia, para que muchos recuperen vida, gozo de volver al hogar, no solo de la familia, sino también de la fe; para que recobren también el sentido de la vida, la ilusión por vivir de manera generosa y esperanzada. Jesucristo es la vida, el Evangelio es vida, la compasión engendra vida.

¡Ojalá muchos podamos cantar con el salmista: “Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”! La misericordia de Dios es capaz de dejar sentir el gozo de un renacer de nuevo.

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