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Meditacion desde Buenafuente para el Domingo Solemnidad de Cristo Rey

Angel Moreno -

San Pablo afirma: “… cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios «haga de sus enemigos estrado de sus pies». -El último enemigo aniquilado será la muerte.”

La Iglesia se dispone en este domingo a culminar el año litúrgico, y lo hace celebrando la fiesta en honor de Cristo, Rey del universo. Puede parecer una fiesta triunfalista, que no corresponde a la sensibilidad de nuestro tiempo, cuando el mismo Papa, que antes se coronaba con la tiara de las tres coronas, los tres poderes, no sólo ha dejado ese símbolo, sino que se nos ha mostrado en el mismo plano que los líderes religiosos de todas las religiones, en un gesto de diálogo sin precedentes, al haber invitado a la oración por la paz a personas no creyentes.

Pero si leemos todas las lecturas que acompañan la Liturgia de hoy, no encontramos en ellas una proyección de un Cristo majestad, sino de Buen Pastor, que se desvive por sus ovejas. Pastor que como símbolo de poder no lleva un cetro, sino un cayado, y las ovejas le siguen fascinadas por la voz bondadosa, por los dulces silbos, como canta Santa Teresa de Jesús: “Visto ya el gran Rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia, quiérelos tornar a él y, como buen pastor, con un silbo tan suave, que aun casi ellos mismos no le entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que se tornen a su morada. Y tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados y métense en el castillo” (Moradas IV, 3,2).

El profeta Ezequiel describe también con la imagen de pastor bueno y compasivo la relación de Dios con su pueblo. “Buscaré las ovejas perdidas, haré volver las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré debidamente. En cuanto a vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Dios: -He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío”.
   
No podemos eludir la referencia al juicio, ni manipular el texto que presenta San Mateo, en el que Jesús describe su retorno glorioso, cuando juzgará el comportamiento de la humanidad. Sorprende el veredicto sobre aquellos que, aun sin saber que hacían las cosas por Dios, Él los identifica como bienaventuradas por haber hecho el bien. Aquí me resuenan las palabras del Papa en Asís: “Existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».”

Que el justo juez, Buen Pastor, nos vea como seguidores de su voz, rastreadores de la verdad, entrañables con nuestro prójimo. A Él el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén

La oveja perdida
Ven, Jesús, a buscarme,
busca a la oveja perdida.

Ven, pastor.
Deja las noventa y nueve
y busca la que se ha perdido.

Ven hacia mí.
Estoy lejos.
Me amenaza la batida de los lobos.

Búscame,
encuéntrame,
acógeme,
llévame.
Puedes encontrar al que buscas,
tomarlo en brazos
y llevarlo.

Ven y llévame
sobre tus huellas.
Ven Tú mismo.
Habrá liberación en la tierra
y alegría en el cielo. (San Ambrosio

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