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Meditación desde Buenafuente para el Domingo 32 del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

Las lecturas de este domingo, en el contexto litúrgico de la Conmemoración de los Difuntos, celebrada esta misma semana, iluminan una de las preguntas más existenciales del ser humano, la que todos nos hacemos, de una u otra manera, sobre las llamadas postrimerías o verdades escatológicas, sobre el más allá.

La fe nos permite esperar al Señor, permanecer atentos a su venida íntima y personal. La llegada no tiene hora, pero sabemos que nuestro destino es vivir con Él. Así nos lo enseña hoy San Pablo: “No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él”.

Los textos bíblicos nos invitan a vivir alerta, conscientes, con la reserva de aceite suficiente para que la lámpara de nuestra expectación no se apague. Quienes permanecen así poseen el don de sabiduría y de sensatez, como se refleja en la parábola del  Evangelio y en la primera lectura.

Un hilo conductor que recorre la Liturgia de la Palabra es la espera del paso del Señor. En los relatos que hoy se proclaman, aparecen distintos momentos del día, la noche, las vigilias, la madrugada, para decir lo importante que es estar vigilantes, no sea que suceda la venida del Señor y nos encuentre dormidos, sin aceite, sin luz.

El salmista refleja de manera magistral al que vive pendiente del paso del Señor: “Oh Dios, Tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti”. Es la misma actitud de aquellos que ponen todo su afán en buscar la sabiduría. “Radiante e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la desean. Quien temprano la busca no se fatigará”.

Las doncellas están aguardando de noche la llegada del esposo; el salmo revela la actitud que se debe adoptar en el tramo más oscuro: “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti”.

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