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Meditación desde Buenafuente para el Domingo 16º del Tiempo Ordinario (22 de Julio de 2012)

Angel Moreno -

LA PALABRA

“-Oráculo del Señor-. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá”. (Jr 23, 1-6)

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. (Sal 23)
-«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» (Mc 6. 30-34)

MEDITACIÓN

En este tiempo de verano, resuena providente la Palabra. Jesús nos invita, como a sus discípulos, a descansar un poco, a acercarnos a las fuentes tranquilas de la relación de amistad con Él.

El Señor se ofrece, como buen Pastor, a llevarnos bajo su cuidado por los pastizales y librarnos de todas las asechanzas del malo. Por encima de todas las vicisitudes y contrariedades, la promesa divina nos asegura que no quedaremos a merced de los especuladores.

La experiencia de intimidad con Jesús nos da la certeza de que estamos siendo cuidados por su amor, su ternura y delicadeza. Quizá nos hace falta apartarnos del ruido y del bullicio para descubrir dentro de nosotros mismos el silbido amoroso que nos guía y nos atrae hacia el bien.

Puede que algunas mediaciones humanas nos produzcan confusión, y hasta escándalo, pero la promesa del Señor no quedará frustrada. Dios cuida a su pueblo y lo libra de todos sus enemigos.

El creyente confía siempre en el Señor, y llega a descubrir que, a veces, nos conduce por senderos difíciles, y hasta nos permite experimentar la prueba de la crisis y de la tormenta para hacernos testigos de que es Él quien nos acompaña, aun cuando nos sentimos solos, con miedo, y con la zozobra de la inseguridad.
Suelo decir que sabemos los que nos pasa, pero no lo que no nos pasa, porque la Mano providente nos ha  liberado del peligro que hemos corrido sin que nos demos cuenta.

ORACIÓN

Señor, Tú eres mi Pastor. Y si tuviste entrañas de misericordia ante la multitud hambrienta de pan y de enseñanza – “Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”-, también vas a tener cuidado de nosotros, aunque no percibamos tu desvelo. No nos dejes perecer en nuestros caminos errados, sino que, como hiciste con la oveja perdida, ven siempre en nuestra búsqueda.
 

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