icono estrella Nº de votos: 0

Meditación desde Buenafuente al Domingo 20 del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

La universalidad

Quienes disfrutan un tiempo de vacaciones y quizá han salido fuera de su lugar habitual de residencia, e incluso tal vez han cruzado distintas fronteras geográficas, culturales o religiosas, pueden recibir las lecturas de este domingo de forma muy viva, al comprobar que el Evangelio se ha expandido por toda la tierra, y que todos lso pueblos son destinatarios de la Buena Noticia.

Uno de los beneficios que se reciben al salir del propio territorio es el ensanchamiento de la mente, al observar la diversidad de modos de vida, de formas de vestir, y la pluralidad de costumbres, por lo que se derriban los muros endogámicos, se abandona la estrechez de la mirada y la posición defensiva.

En los diferentes textos que hoy se proclaman, encontramos elementos suficientemente significativos, en los que se hace referencia a la universalidad. El salmo responsorial ofrece la mejor antífona: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”. San Pablo se dirige a los “gentiles”, Jesús atraviesa los territorios paganos de Tiro y de Sidón, y el profeta Isaías adelanta en su visión la diversidad entre los que habitarán el Monte Sión, figura de la Iglesia: “A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración”.

Los pasajes que se nos proponen este domingo invitan, de alguna forma, a salir, al menos de nosotros mismos. Uno de los riesgos que sufrimos, cuando perdemos la perspectiva de la universalidad, es perecer en nuestros fundamentalismos ideológicos y religiosos. Si todos somos llamados al Monte Sión, no deberíamos atrincherarnos en nuestros microcosmos.

El tiempo de verano ayuda a practicar la acogida, la interculturalidad, la apertura, sin dejar de valorar por ello lo que sabemos que es bueno y esencial, que podría ser el riesgo de quienes mitifican lo extraño y desprecian lo propio.

Jesús defiende lo propio: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, pero se deja alcanzar por el grito de la mujer cananea, y llega a ponerla de modelo de fe: “Mujer, qué grande es tu fe”,

Si el domingo pasado encarecíamos la intemperie como circunstancia propicia para el encuentro con el Señor, hoy se nos invita a ensanchar nuestras fronteras y se nos impulsa, como dice el papa Francisco,  a atrevernos a llegar con el Evangelio a las periferias, a los diferentes. Jesús salió de los territorios de Israel. En Él tenemos el ejemplo para salir también hacia los que creemos fuera de la Iglesia, hacia los alejados de la fe.

Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.