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Meditación desde Buenafuente 27 domingo del Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

 

Hbc 1, 2-3; 2,2-4; Sal 94; 2 Tm 1, 6-8. 23-24; Lc 17, 5-10

Al leer las lecturas de hoy, sobresale una reiteración en los tres textos que propone la Iglesia: en todos ellos hay una llamada a la fe.

“El justo vivirá por su fe”

“Vive con fe y amor en Cristo Jesús”

“Si tuvierais fe como un grano de mostaza…”

La fe es un don, y también una tarea. El don se puede acrecentar, como ocurre con la semilla, que si cae en buena tierra puede dar el ciento, el sesenta, el treinta por ciento de cosecha.

El Espíritu Santo concede el don de Entendimiento, por el que se comprende todo desde la fe. Se puede pedir que Dios acreciente nuestra fe. “Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe».”

La fe da capacidad de resistencia. Enraíza en la corriente de agua, que mana del costado de Cristo, en el agua viva que es el Señor, y como el árbol que crece junto a la corriente, no sufre el estío, siempre se mantiene frondoso y da fruto en su sazón. El Papa Benedicto, en la carta a los jóvenes, invitándoles a la JMJ, les explica lo que significa vivir enraizados, firmes y fieles, y evoca el texto del justo, que como el árbol junto al agua, crece y da fruto.

Para mantenerse junto a la corriente, crecer, y no ser arrastrado por las aguas torrenciales, debe haber raíces profundas, y cimientos de piedra. Desde esta resonancia, se comprende la elección del salmo: “Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva”.

La oración es la relación creyente. Gracias a la oración, se respira la fe. Porque creer no es aceptar una filosofía, ni un código de moral; es haberse encontrado con una persona, con Jesucristo, el Hijo de Dios, y haber quedado fascinados. El que desea permanecer con fe viva, deberá tratar con Jesucristo.

Desde la experiencia que se tiene en el trato orante, se comprende la exigencia y la necesidad que recomienda San Pablo a Timoteo: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”. 

Por la fe se mueven montañas, se resiste al Malo, se da testimonio, se permanece fiel en la hora recia, se saber leer todo acontecimiento en clave sapiencial, trascendente, se siente el acompañamiento de Dios, y en el límite de todos los caminos, en el creyente siempre se abre la posibilidad que le infunde la confianza que nace desde la fe.

“Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros”. ¡Ojala escuchéis hoy su voz; no endurezcáis el corazón!

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