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Martes de Pascua. (26 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

 

«MUJER, ¿POR QUÉ LLORAS?, ¿A QUIÉN BUSCAS?» (JN 20. 11-18)

Entre Jesús, como el nuevo Adán, y la mujer, la humanidad entera, en medio del jardín, se establece un diálogo de asombro, de emoción indescriptible.

Las preguntas que Jesús dirige a María Magdalena, a quien primero llama “mujer”, son dos interrogantes abiertos que nos pueden producir desconcierto o consolación.

En muchas ocasiones es muy fuerte el dolor por las relaciones afectivas rotas, por las familias deshechas, por la pérdida de seres queridos, por el despojo o desengaño entre quienes se creían amigos. 

María Magdalena llora por amor y por haber perdido de su vista la presencia de quien era su Señor y Maestro. El llanto manifiesta humanidad, cabe evocar las lágrimas de tantos que lloran sin consuelo, sin nadie que les pregunte siquiera por qué lloran o incluso tengan que disimular el sollozo por incomprensión y dureza. El dolor y la alegría andan muy juntos. En el jardín de Arimatea se ofrece, al mismo tiempo, el llanto incontenible de la humanidad huérfana de sentido, y la mayor posibilidad de consuelo, al contemplar la delicadeza que el Resucitado tiene con la mujer abatida. Me viene a la memoria el diálogo de Elcaná con Ana, la madre de Samuel: «Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué estás triste? ¿Es que no soy para ti mejor que diez hijos?» (1 Sam 1, 8)

DISCERNIMIENTO

Sorprende la primera pregunta que Dios hizo a Adán: “¿Dónde estás?, la que Jesús hizo a los dos primeros discípulos de Juan, que lo seguían: “¿Qué buscáis?”, semejante a la que el Resucitado hace a la mujer, en la mañana de Pascua: “¿A quién buscas?” Preguntas que son como cuchillos que desnudan la intención de nuestros pasos, afanes y ansiedades. De cómo respondamos a estas cuestiones va a depender nuestro hallazgo, porque el que busca la verdad, aunque no lo sepa, busca a Dios, pero quien se busca a sí mismo, se pierde. ¿Qué relación identifica nuestra búsqueda? ¿Por qué nos afanamos? ¿Por qué lloramos?

TESTIMONIO

Llorar, estar triste debe ser superado por la alegría de la Pascua. Si se cree la verdad del acontecimiento hay razón para mantener siempre la alegría, aun en momentos de prueba, al comprobar que Jesucristo conoce nuestro dolor. Los primeros cristianos cautivaban por el testimonio de su alegría. Más allá de cualquier preocupación, ¿tienes paz y alegría en tu interior? En este caso, difúndelas y te harás testigo de la Pascua.

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