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Asunta a los cielos

Señora, Santa María, me ha llegado la noticia de que, una vez que terminaste tu camino entre nosotros, fuiste llevada al cielo por mano de ángeles. Y de que los discípulos de tu Hijo percibieron una extraña sensación que los atrajo hacia tu casa, y fueron testigos de tu último aliento. Pero después de llevarte al sepulcro, escucharon una música inusitada en torno a tu tumba, y fascinados por una suave fragancia, llegaron hasta tu sepulcro y constataron que estaba vacío.