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30. Las puertas abiertas y el corazón aún más

La llamada a que la Iglesia sea siempre la casa abierta del Padre se concreta en dos claves. Las dos para recordar a los sacerdotes que han de ser facilitadores y no controladores de la Gracia y misericordia divina:”Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay un lugar para cada uno con su vida a cuestas” (E.G. 47)