Enviar artículo

Meditacion para el Domingo XXVII del Tiempo Ordinario (4 de Octubre de 2011)

Hay días en los que la Palabra de Dios se hace irresistible, por la denuncia que encierra, la herida que abre, la claridad con la que señala el pecado. Su lectura llega a ser un revulsivo, que o se intenta evitar, evadiéndose, o se recibe, aun con dolor, y mueve a la conversión.