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Miercoles de la Primera Semana de Cuaresma

 No hay circunstancia, por desordenada adversa que sea, que no tenga posibilidad de convertirse en motivo de gracia. El ejemplo emblemático de la conversión de Nínive, con su rey a la cabeza, después del anuncio del profeta de la inminente destrucción de la ciudad, se convierte en llamada.