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IV Viernes de Adviento, 24 de diciembre de 2010,

 Si en días anteriores nos hemos invitado a reflexionar acerca de que Dios prefirió necesitar nuestra mediación, si el cántico de María nos estimuló para entonar también nosotros el Magnificat por lo que Dios ha hecho en nuestra carne débil y humillada, hoy el texto evangélico nos propone asociarnos a Zacarías y cantar con Él: “¡Bendito sea el Señor, porque ha visitado y redimido a su pueblo!”