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Meditación para el XXII Domingo del Tiempo Ordinario

 ¡Cuánto amor anónimo! ¡Cuánta entrega gratuita! ¡Cuánto gesto desinteresado, que por serlo, ni siquiera es noticia, y hasta cabe pensar que el mundo se destruye por el odio, la guerra, la infidelidad! Porque no nos acordamos de los que de manera oculta aman, de los que vigilan en la noche, de los que permanecen fieles.